viernes, 29 de enero de 2010

Visita a Haití delegación de la Internacional Socialista y COPPPAL

Hoy
29/01/2010.-
Una delegación de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de America Latina y el Caribe (COPPPAL) y de la Internacional Socialista (IS) se comprometió a hacer las diligencias correspondientes ante los partidos afiliados y sus gobiernos para asegurar la solidaridad y los esfuerzos de ayuda humanitaria a Haití.
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Una misión conjunta de ambos bloques partidarios visitó Puerto Príncipe para expresar la solidaridad de esas organizaciones con el pueblo haitiano y realizar los contactos correspondientes con los dirigentes políticos de la nación caribeña adscritas a la IS y COPPPAL.
El Presidente Honorario de la IS y Vicepresidente de la COPPPAL, Rubén Berríos, el dirigente del Partido de la Liberación Dominicana y coordinador de la comisión económica de COPPPAL, Manolo Pichardo y Fernando Martín, Presidente Ejecutivo del Partido Independentista Puertorriqueño, integraron la delegación la que sostuvo encuentros con Víctor Benoit y Serge Gillers de la organización Fusión Socialdemócrata Haitiana.
Un despacho de prensa de la Secretaría de Comunicaciones del PLD expresa que la delegación, guiada por el vicecónsul en Puerto Príncipe, Miguel Ángel Rodríguez, dirigente del PLD, tuvo la responsabilidad de examinar de cerca los daños sufridos por la población y el impacto de la tragedia en el pueblo haitiano.
Berríos, Pichardo y Martín se comprometieron a hacer las diligencias pertinentes para asegurar la solidaridad de los miembros de la IS y COPPPAL con los esfuerzos de ayuda humanitaria a Haití así como la colaboración de éstas para enfrentar el enorme reto de la reconstrucción a que debe abocarse el país caribeño.
Berríos, quien también es presidente del Partido Independentista Puertorriqueño, hizo un llamado a la concertación entra las organizaciones políticas, sociales, cívicas y religiosas de Haití y sugirió la necesidad que se conforme un Gobierno de Unidad y Emergencia Nacional que represente la diversidad de criterios en el país para enfrentar la crisis que arropa al pueblo haitiano.

Lo que veo en Haití

Por Manolo Pichardo
Listín Diario 29/01/2010.-
Me encuentro en Haití al momento de escribir estas líneas. Es la primera vez que visito el hermano país. Cuando dejaba tras de mí el paño de olor trinitario, imágenes sucesivas de horror que vi en la televisión tras el seísmo del pasado día 12 se comenzaron a mezclar con las hermosas montañas despeinadas que refrescaban sus pies en las tranquilas aguas del lago Azuei.
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Vine en compañía de Rubén Berríos, presidente y líder del Partido Independentista Puertorriqueño y vicepresidente de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y El Caribe, COPPPAL, y de Fernando Martín, presidente ejecutivo, de la organización política boricua. Nuestra encomienda era vernos con los dirigentes políticos de los partidos afiliados a la entidad continental, para a través de ellos comprobar que las muestras de solidaridad de los compañeros de COPPPAL estuvieran siendo efectivas.
A pocas horas de nuestra llegada nos encontramos con Víctor Benoit, presidente de Fusión Socialdemócrata Haitiana, quien en medio del dolor por esta tragedia de dimensiones aún insospechadas, se me acercó para agradecer la solidaridad del pueblo dominicano. Este gesto de agradecimiento me lo mostró Serge Gilles y se va repitiendo una y otra vez cuando hablo con otros dirigentes políticos, periodistas, personalidades y gente del pueblo que me cuentan que desde el día 13, a tempranas horas de la mañana, la presencia de su hermano siamés se sentía por todas partes antes de que llegara cualquier ayuda.
Siento orgullo de mi pueblo, de su nobleza y no me importa que las grandes cadenas noticiosas ignoren lo que hace la patria de Duarte por la de Toussaint. Este pueblo sabe que su hermano del Este está a su lado y sabe también que ha estado siempre para asistirle brindándole abrigo y compartiendo su pan. A pasar del dolor dejado por esta demoledora tragedia que sigue cobrando decena de miles de vidas y que los afectados de forma directa malviven en refugios improvisados, en parques y callejuelas hacinados, veo al pueblo haitiano vivo, hirviendo en las calles de la mano del trabajo para seguir existiendo, para levantarse con la dignidad que les ha permitido vivir siempre a pesar de su accidentada y desgraciada historia.

Las cavernas del colonialismo

Por Rubén Berríos
El Nuevo Día 29/01/2010.-
Los líderes del Partido Popular Democrático (PPD), luego de incontables posturas sobre status, han adoptado como “posición institucional” un fraudulento desvarío político. Para justificar el ELA alegan que: “La Resolución 2625 de la ONU, establece y reconoce cuatro alternativas válidas: la anexión, la independencia, la libre asociación, o cualquier otra condición política libremente decidida por ambos pueblos”.
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El Derecho Internacional proscribe el colonialismo. La Resolución 1514 (XV) de 1960, la Carta Magna de la Descolonización, “Proclama solemnemente la necesidad de poner fin rápida e incondicionalmente al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones. Y Declara que:… en todos los demás territorios que no han logrado aún su independencia deberán tomarse inmediatamente medidas para traspasar todos los poderes a los pueblos de esos territorios sin condiciones ni reservas”. La Corte Internacional así lo confirmó en el caso de Sahara Occidental del 1975, sin siquiera tomar en cuenta la Resolución 2625 que había sido aprobada cinco años antes. “El principio de la libre determinación como un derecho de los pueblos y su aplicación con el propósito de poner fin rápidamente al colonialismo fue enunciado en la Resolución de la Asamblea General 1514 (XV)”. Añadió citando el caso de Namibia del 1971: “La Resolución 1514 (XV)… está complementada en ciertos aspectos por la Resolución de la Asamblea General 1541 (XV)”. Esta Resolución establece sólo tres alternativas para que una colonia pueda alcanzar “La plenitud del gobierno propio: a) cuando pasa a ser un estado independiente y soberano; b) cuando establece una libre asociación con un estado independiente; o c) cuando se integra a un estado independiente ”.
En ambos casos se establecen los parámetros respecto a la libre determinación: estos son exclusivamente los contenidos en la 1514 y complementariamente en la 1541.
La 2625 es una de carácter general sobre múltiples principios del Derecho Internacional. Sobre la libre determinación afirma que su propósito es “poner fin rápidamente al colonialismo” y específicamente estipula -hecho que lo líderes populares esconden- que debe ser interpretada, “considerando las disposiciones de la Carta en su conjunto y teniendo en cuenta la función de las resoluciones pertinentes aprobadas por los órganos competentes de las N.U (Naciones Unidas) en relación con el contenido de los principios”. Por lo tanto, sólo puede ser invocada y comprendida en el marco de las resoluciones básicas que constituyen las normas de derecho sobre libre determinación aprobadas por la Asamblea General: la 1514 y la 1541. Por supuesto, una vez un pueblo se descoloniza puede optar libremente en el ejercicio de su soberanía, por “cualquier otra condición política”, como es el caso de pueblos en situaciones no coloniales, en Europa y otros continentes.
Es evidente que la Junta de Gobierno del PPD falsifica el propio texto de la 2625. Su alegación llevaría al absurdo de concluir que se puede acordar “libremente” volver al régimen de la Ley Foraker y que ello sería conforme al Derecho Internacional. Pretenden revocar la Carta Magna de la Descolonización y convertir la enfermedad del colonialismo en su cura. Pero la libre determinación es una norma perentoria de Derecho Internacional que no admite derogación ni está sujeta a negociación.
El Derecho Internacional no reconoce el colonialismo por consentimiento. Esa prohibición se instituyó precisamente para obligar a los imperios y a los colonialistas satisfechos y su progenie, como los líderes del PPD. Colonialistas tan contumaces e irredimibles que se obstinan en su pretensión aun ante el obstáculo infranqueable de la reiterada negativa del Congreso de no aceptar sus artilugios de status por ser incompatibles con el sistema constitucional de Estados Unidos.
Para los atrincherados en las cavernas del colonialismo, poco valen la libre determinación, el Derecho Internacional o las imposibilidades constitucionales. Para ellos sólo importa el poder y el presupuesto.

viernes, 22 de enero de 2010

Con la prisión de Guantánamo no se pudo

Por Carlos Chirinos
BBC Mundo, Washington 22/01/2010.-
"Cerrar Guantánamo en el lapso de un año", mandaba tajante la primera orden ejecutiva firmada por el presidente Barack Obama apenas llegado a la Casa Blanca.
Ese año se cumple este viernes 22 de enero y el prometido cierre no se ha podido hacer y las posibilidades de que se concrete pronto no lucen claras para muchos, pese a que el gobierno insiste en su determinación de deshacerse de la herencia legal que dejó la llamada "guerra contra el terrorismo" de George W. Bush.
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Para un político que llegó a la presidencia con la plataforma del "Sí se puede", el que Guantánamo siga abierto es un revés que pudo haber sido evitado si el entusiasta equipo de la Casa Blanca no le hubiera puesto fecha fija a sus buenas intenciones.
Esas intenciones, que tanto complacieron a defensores de derechos humanos y a muchos gobiernos, no parecen haber perdido impulso pero han tenido que adaptarse a realidades al parecer no previstas por el entonces novel gobierno estadounidense.
En el caso de Guantánamo podría aplicarse la conseja popular de que una cosa es querer y otra es poder.

Enero doble aniversario
Enero marca para Guantánamo un aniversario por partida doble. Hace justo ocho años empezaron a ser transferidos prisioneros capturados en la guerra de Afganistán a las instalaciones de esa base militar estadoundiense en Cuba.
Desde ese momento se desató una polémica internacional. Inicialmente por las condiciones físicas del entonces denominada Campo Rayos X -por la ausencia de paredes de las primeras celdas- y lo que se consideraba el maltrato de los prisioneros.
Pero más cuestionado fue el limbo jurídico al que fueron arrojados los denominados "combatientes enemigos", una definición legal acuñada por el gobierno de Bush para sustraerlos del amparo de convenciones internacionales sobre tratamiento de prisioneros de guerra.
Ese concepto fue eliminado por el nuevo gobierno demócrata, pero el limbo sigue siendo igual de denso para la mayoría de los reclusos, debido a los obstáculos que ha conseguido la idea del desmantelamiento dentro y fuera de los EE.UU.
En septiembre del 2009 el embajador Daniel Fried, quien encabeza el equipo encargado por el presidente Obama para la reubicación de los detenidos, cuestionó, durante entrevista con la BBC, el que algunos países no tuvieran disposición para recibir algunos prisioneros, incluso a sus propios nacionales.
Fried reconoció a la BBC que la ley sancionada por el Congreso que impide al ejecutivo trasladar reclusos liberados de Guantánamo a territorio estadounidense no le permite a Washington predicar con ejemplo.

Guantanamo, ¿Illinois?
El gobierno estadounidense reconoce que al menos la mitad de los 200 prisioneros que quedan en Guantánamo no representan riesgos para la seguridad nacional y podrían ser dejados en libertad, de conseguirse un lugar que quiera recibirlos.

Al menos la mitad de los 200 prisioneros no representan riesgos para la seguridad nacional .
Muchos, dentro y fuera de EE.UU. tienen temor de que estas personas, que estuvieron detenidas sin derechos por largo tiempo, al salir busquen vengarse del estado y los ciudadanos estadounidenses.
Por lo pronto el gobierno federal ordenó la compra de una prisión en Thomson, un pequeño pueblo de Illinois, en el norte del país, para convertirla en una cárcel de máxima seguridad en la que concentrará unos 90 reclusos que enfrentarán juicios militares.
Para Javier Zúñiga, portavoz de Amnistía Internacional, ese traslado "no haría ninguna diferencia" para los detenidos en Guantánamo, ni para solucionar lo que llama la "monstruosidad jurídica" creada por el gobierno estadounidense.
"Esas cárceles de máxima seguridad, las llamadas supermax, son verdaderas tumbas en las cuales las personas están prácticamente enterradas sin ningún contacto con el mundo exterior", aseguró Zúñiga a BBC Mundo.
La diferencia sería para la pequeña comunidad de Thomson que gracias a la activación de la cárcel recibirá un importante estímulo económico, muy necesario en estos tiempos de crisis.
Pero el tema fundamental de Guantánamo no es la economía, sino los derechos humanos y las leyes internacionales. Restablecer el equilibrio perdido en los días más intensos de la "guerra contra el terrorismo" ha demostrado no ser una tarea fácil.

La desolación haitiana

Por Manolo Pichardo
Listín Diario 22/01/2010.-
En La Tortuga se incubó este pueblo. Los imperios se repartían el continente; lo conquistaban. Ingleses, franceses, españoles, holandeses y portugueses se lanzaron en aventuras oficiales y personales que terminaron acercando a reyes y piratas al centro de la ambición para parir, con patentes de corso o sin ellas, el saqueo brutal que diezmó a la población aborigen y creó un inmenso solar multiétnico que aún sufre la resaca del pillaje.
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En el Caribe hervía la acción de la ambición, entonces, la pequeña Tortuga, que parecía cuidar a La Española, descuidada y sola, tomó por amantes a piratas y corsarios, a bucaneros y buscavidas. Osorio, sin conciencia de sus pasos, puso el primer ladrillo con sus despoblaciones. Francia luego colocaría los otros y Toussaint Louverture, junto Dessalines, le dieron fachada cuando canalizaron las ansias de libertad que escaldaba en el interior de una nación con cadenas centenarias, de una nación que con el sudor de la muerte vertido de los trapiches endulzó al mundo y enriqueció a otros.
El hombre y la naturaleza la han llenado de infortunios, pues locos sueltos y desalmados, hijos de sus tierras, han teñido el suelo con su sangre para tener los cetros oligárquicos que dejaron hambre, ignorancia, insalubridad y muerte. Huracanes, sequías y seísmos le surcan la esperanza y la laceran, dejándole abrasiones crónicas que se hacen purulentas. Entonces, con el pus brotando, con la muerte infectando el aire, la histórica indiferencia de los saqueadores abandona la modorra.
El 7.3 de Richter los convoca y como si buscaran orgasmos, dan y se anuncian, promueven sus dádivas y en su acción perversa intentan ignoran a su hermano siamés, siempre presente, siempre presto al auxilio, aun sin emergencias, al que por décadas se ha quitado el pan de la boca para compartirlo desde el hospital, la escuela, el campo fértil, la activa industria de la construcción y los servicios.
La naturaleza imperial de algunos los lleva a actuar, por el reflejo propio de su condición, como policías más que como seres solidarios, pero la tierra de Duarte, con el presidente Leonel Fernández y su gobierno junto a los empresarios, comunicadores y el pueblo en general, están presentes en cuerpo y alma sin exhibir pistolas ni uniformes.

lunes, 18 de enero de 2010

La UE defiende más coordinación en la ayuda frente al despliegue militar de EE UU

Agnecias
18/01/2010.-
La jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Catherine Ashton, ha afirmado hoy que más que "ayuda militar" por parte de Europa la población de Haití necesita una mayor coordinación para que el apoyo pueda llegar a los afectados por el terremoto. Las palabras de la máxima representante europea en materia de Exteriores llegan cuando se espera la presencia de 10.000 soldados estadounidenses para controlar la organización de la ayuda humanitaria, un papel cuestionado por Francia.
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A su llegada al consejo informal de responsables europeos de Desarrollo, convocado para coordinar la ayuda comunitaria al país caribeño, la política británica ha señalado que el Comité Político y de Seguridad del Consejo de la UE analizará esta tarde "de antemano cualquier petición que puedan hacer las Naciones Unidas". Ashton ha abogado por asistir en la tarea del transporte de alimentos o trabajos de ingeniería para reparar las comunicaciones, antes que ofrecer "ayuda militar como tal". Haití se ha convertido en un escenario de violencia por la falta de comida.
La UE ha confirmado ya que destinará a Haití 137 millones de euros en ayuda urgente y baraja una cifra de unos 200 millones para las labores de reconsrucción del país a medio y largo plazo, según ha anunciado el comisario de Desarrollo y Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea, Karel de Gutch, al término del Consejo extraordinario de ministros de Desarrollo de la UE. Ashton, que espera que Naciones Unidas (ONU) informe de la contribución necesaria por parte de los Veintisiete, ha asegurado que la UE procederá a esa tarea de forma "colaboradora", bajo el "paraguas" comunitario, aunque algunos Estados miembros podrían emprender acciones individualmente.
Polémica entre Francia y EE UU
Uno de esos Estados es Francia, que ha pedido precisar a la ONU el papel de EE UU en Haití. Así lo ha asegurado el secretario de Estado de Cooperación francés, Alain Joyandet, que ha protestado ante EE UU por las dificultades que tuvo para que aterrizara un avión francés que transportaba un hospital móvil en el aeropuerto de Puerto Príncipe, controlado por los estadounidenses.
"No se trata de ocupar el país, sino de ayudarle a que recobre la vida", ha dicho el diplomático francés a su vuelta de Haití. "La ONU está trabajando, espero que se tome una decisión. Espero que las cosas sean precisadas sobre el papel de Estados Unidos", ha asegurado Joyandet. La ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) también se quejó este fin de semana de que un avión que trasladaba un hospital de campaña no pudo aterrizar el sábado en Puerto Príncipe y tuvo que desviarse hacia Samana, en la República Dominicana.
Por su parte, el alto mando militar al cargo de los vuelos con salida y llegada a Puerto Príncipe, el coronel Buck Elton, ha defendido la gestión que EE UU realiza del aeródromo. El coronel estadounidense ha indicado que desde el pasado miércoles la única pista del aeropuerto de la capital haitiana ha tenido unos 600 despegues o aterrizajes y, de ellos, tan sólo medio centenar han sido desviados. "Lo que tenemos aquí es como gestionar un gran aeropuerto sin comunicaciones, electricidad u ordenadores", ha explicado Elton a la prensa desde Puerto Príncipe.
Entre ayer y hoy se espera la presencia de 10.000 militares norteamericanos ponga orden en la ciudad y abra pasillos de ayuda humanitaria. Entre ellos, unos 3.500 pertenecientes a la 82ª División Aerotransportada y 2.200 marines, además del portaviones Carl Vinson con dos decenas de helicópteros, un buque hospital y tres buques más para el desembarco de vehículos anfibios.
El ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchner, por su parte, ha quitado hierro a la polémica y ha asegurado que los esfuerzos de ayuda a Haití "se coordinan de la mejor forma posible". "El avión (de Joyandet) aterrizó más tarde. Es normal que sobre el terreno todo el mundo quiera llegar primero", ha afirmado Kouchner en la radio France Info.
Coordinación
En medio de esta situación, la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, y el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, que preside este semestre la UE, se reunirán con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton.
La vicepresidenta del Gobierno español, María Teresa Fernández De la Vega, quien se reunió ayer con Ban Ki-moon, ha prometido más coordinación para reconstruir el país. "Ni España ni la UE van a fallar a los haitianos", dijo De la Vega. Por su parte, el Consejo de Seguridad de la ONU se reúne hoy para tratar de coordinar las labores de ayuda a Haití. España ha confirmado hoy que mandará un barco militar equipado con un hospital y un quirófano.
Las autoridades haitianas calculan que puede haber hasta 100.000 muertos por el terremoto del martes, mientras que en la capital Puerto Príncipe y en otras ciudades de los alrededores gran parte de los edificios han sido destruidos o dañados, por lo que cientos de miles de personas están sin techo ni medios de subsistencia. Aún así, todavía se encuentran historias de rescates casi milagrosos.

sábado, 16 de enero de 2010

Haití y la solidaridad Dominicana

DE REOJO
Listín Diario 16/01/2010.-
La solidaridad de los dominicanos frente al pueblo haitiano no necesita que se publicite debido a que la misma se hace manifiesta, cada día, en los predios agrícolas, la hotelería, la industria de la construcción, en fin en todas las actividades de la vida nacional.
Frente a la tragedia que hoy viven los hermanos haitianos, han salido a relucir las miserias de muchos, dentro y fuera del país, que tratan de opacar la gran colaboración ofrecida en el terreno de los hechos por el Gobierno y el pueblo dominicanos.
Esta tragedia servirá, lamentablemente, para desenmascar a los que viven del odio y de la miseria del pueblo haitiano.

viernes, 15 de enero de 2010

Ley electoral fallida

Por Manolo Pichardo
Listín Diario 15/01/2010.-
Tras la implementación de la ley electoral vigente, los partidos políticos han experimentado transformaciones que sepultan el armazón ideológico que durante años sirvió de plataforma para elaborar los discursos que debían consumir las masas y los votantes que marchaban en busca de soluciones a problemas colectivos, que iban desde los comunitarios a los nacionales.
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La cuestión del voto preferencial, que ya comienza a preocupar a la dirigencia de los partidos, hizo que las consultas internas para elegir los candidatos a cargos electivos, se convirtieran en una carnicería entre iguales que va desgajando de forma preocupante a estas entidades.
El nuevo método de elección forzó a las organizaciones políticas a cambiar su cedazo por una política de puertas abiertas, para que siendo masivas, trasladen las simpatías externas a los procesos internos, con la intención de que a la hora de definir las candidaturas mediante el voto popular, con el trabajo de precampaña interna se adelantara la campaña de los que resultaren postulados. Esta ecuación de masas, votos, popularidad y puertas abiertas, ha derivado en caos, pues todos los arribistas y delincuentes con necesidad de limpiar nombre y fortuna se inscriben en los partidos, y dentro van desplazando a cuadros instruidos en el arte, la teoría y la praxis política, a base de dinero y juegos que riñen con las prácticas democráticas que han ayudado a construir un sistema de partidos fuerte. Pienso, como reflexionan algunos dirigentes políticos, que los partidos cedieron ante la sociedad civil, que logró imponer el actual esquema electoral bajo el calculo de que tras su implementación los electores tendrían la oportunidad de escoger a sus candidatos sin ataduras partidarias, porque no imaginaron que el dinero corrompería el nuevo sistema para abrir paso al congreso a toda suerte de escorias sociales.
Ya no hay chance para que hombres y mujeres decentes de cualquier sector social aspire a ocupar una curul en representación de su partido o comunidad, los espacios se reservan para los que están dispuestos a gastar 20 ó 25 millones de pesos en una candidatura para ocupar un puesto por un período que no le reportará en salarios ni la mitad de lo invertido.

jueves, 14 de enero de 2010

El terremoto de Haití fue 35 veces más potente que la bomba de Hiroshima

EFE 14/01/2010.-
Londres.- El terremoto de 7 grados en la escala de Richter que sacudió Haití el martes fue 35 veces más potente que la bomba atómica arrojada sobre Hiroshima (Japón) al final de la II Guerra Mundial. Así lo afirmó hoy Roger Searle, profesor de geofísica en la Universidad de Durham (Reino Unido), que comparó también la energía liberada por el terremoto en el país caribeño con la explosión de medio millón de toneladas de TNT.
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No obstante, Searle señaló que, pese a la magnitud de este terremoto, "la energía liberada ha sido sólo una centésima parte de la del seísmo que azotó Banda Aceh (Indonesia) en 2004".
El geofísico explicó a Efe que, "aunque no es posible predecir cuándo se va a producir un terremoto, sí que se puede saber dónde va a tener lugar, ya que la mayoría se producen en los límites entre placas tectónicas".
"Allí donde se encuentran dos placas tectónicas se crea una compleja red de fallas que permite predecir cuál de ellas se va a mover primero, pero no cuándo se van a producir los movimientos", argumentó Searle.
Según el Servicio Geológico Británico, aunque hacía 250 años que no se producía un terremoto allí, "bajo Haití hay una red de fallas, que le hacían susceptible de sufrir un terremoto, aunque fuera imposible prever el momento", sostuvo el profesor de geofísica.
Searle puntualizó que cada año se producen en el mundo 50 terremotos de la misma magnitud que el de Haití, que no causan este grado de destrucción y muerte por ocurrir lejos de zonas densamente pobladas o en lugares próximos a placas tectónicas donde la construcción es más sólida, como Japón o California (EEUU).
De acuerdo con Searle, quedarse dentro de un edificio hasta que pase el terremoto o situarse debajo de una mesa o bajo el quicio de una puerta son algunos consejos a seguir ante un seísmo.
Para el experto en geofísica, la reconstrucción de infraestructuras como las carreteras, los suministros de agua y energía, el restablecimiento de las comunicaciones y la construcción de hospitales son algunos de los "grandes problemas" que tendrá que afrontar Haití, "en un contexto en el que serán habituales los corrimientos de tierra".
Según el experto, es probable que, además de las réplicas que se están sucediendo desde que se produjera el terremoto el martes, tenga lugar otro gran terremoto en la zona, "pero no podemos saber si será hoy o dentro de cientos de años".

miércoles, 13 de enero de 2010

COPPPAL lamenta terremoto en Haití

13 de Enero de 2010
La Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (COPPPAL) lamenta profundamente los sucesos acontecidos en la República de Haití. El Sismo que sacudió a esta Nación Caribeña, ha dejado al pueblo haitiano en una complicada, difícil y lamentable situación que se aúna a la que han venido padeciendo durante décadas.
La COPPPAL externa su apoyo y solidaridad a nuestros partidos miembros haitianos y al pueblo de Haití en general por estos lamentables acontecimientos y exhorta a la comunidad internacional y a nuestros partidos miembros a unir esfuerzos para hacer llegar ayuda en víveres, ropa y medicamentos, así como todo apoyo necesario en este momento para esta hermana Nación Caribeña.

COPPPAL satisfecha con resutados de investigación en Guatemala

13 de enero de 2010
La Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (COPPAL) se congratula con los resultados hechos públicos el día de ayer por la Comisión Contra la Impunidad en Guatemala, en los que se exonera al Presidente de la República de Guatemala, Álvaro Colom, líder de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) -miembro de esta Conferencia-, así como a su esposa, la Sra. Sandra de Colom y el secretario privado de la Presidencia, Gustavo Alejos de su responsabilidad en el asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg, acaecido el 10 de mayo del 2009.
La COPPPAL en su momento externó su preocupación por este hecho, en donde se intentó desacreditar la imagen y el gobierno de Guatemala para generar una crisis institucional y política en el país, por lo que el resultado de ocho meses de investigación han podido una vez más constatar la calidad ética, moral y política del Presidente Colom.

sábado, 9 de enero de 2010

El avatar del planeta

Por Manolo Pichardo
Listín Diario 08/01/2010.-
“Avatar” sigue vendiendo entradas independientemente de las críticas negativas recibidas en el país por las voces más autorizadas. A la gente de a pie probablemente le atraiga más los impresionantes efectos especiales que la forma en que se cuenta la historia, la que no da la oportunidad a Sam y Zoe de explotar al máximo sus cualidades como actores. Yo disfruté la película porque a los efectos bien logrados, con fallas imperceptibles, se le añade la magia de apreciarlos en tercera dimensión y una trama simple que, desde su planteamiento, me conectó con el mundo real.
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La ficción provocó en mí una especie de impacto con consecuencias sicosomáticas, pues lo que mis ojos vieron erizó mi piel, embutió mi cuerpo y, sin esfuerzo alguno, asumí que el propio filme era un avatar que reproducía las ambiciones, el odio, los vicios propios de la naturaleza humana; la geofagia que lleva al genocidio, a derramar sangre, a la mentira, la prepotencia y el cinismo.
No dejaba de pensar que George Bush, Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Ronald Reagan, Margaret Tachter, Tony Blair, y una larga lista de agresores, tenían sus avatares en los uniformados y civiles que buscaban saquear Pandora a toda costa, sin importar que se derramara savia y sangre, sin importar que muriera la flora y la fauna.
Y, como el profeta aquel del apocalipsis, vi a Hiroshima y Nagasaki hundirse bajo el impacto de bombas atómicas, a Vietnam arder en napalm; vi botas en Santo Domingo, en Haití, en Nicaragua, en Granada, en Panamá, en Corea, en Irak; vi botas patear al mundo débil, vi aviones, barcos, balas y marines locos matando, destrozando niños y ancianos.
No sé si James Cameron pretendió crear con su cinta un avatar del planeta, no sé si quiso enviar un mensaje, llamar la atención a los cleptómanos para que busquen tratamiento con los dioses, para que curen sus almas desviadas y no hagan de la tierra el hades que se construye sobre la base de la ambición de riquezas y poder. Los artistas no pueden cambiar el mundo como lo hacen los políticos y los militares, tienen la facilidad de poner encanto a sus propuestas para que se ingieran y digieran con placer y satisfacción. Tal vez fue esa la intensión del director y productor de “Avatar”.

China, Estados Unidos y Taiwán: ¿nueva crisis?

Por Luis González
Listín Diario 09/01/2010.-
El triángulo que se forma cuando unimos los vértices Beijing, Washington y Taipéi no es equilátero, es escaleno. No sólo por el trazado geográfico que claramente lo evidencia, sino por el tipo de relación que existe entre EEUU-China, EEUU-Taiwán y China-Taiwán. En estas tres relaciones, que son tres lados diferentes del triángulo, no todo es lo que aparenta. Las relaciones que existen entre EEUU y China son diplomáticas, desde el 1 de enero de 1979, acaban de cumplir 31 años.
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Las relaciones entre EEUU y Taiwán son comerciales y culturales. Las relaciones entre China y Taiwán han sido conflictivas, porque existen dos enfoques encontrados. Toda relación comercial entre EEUU y Taiwán debe darse sobre la base de no afectar la política interna de China, su soberanía y seguridad.
El anuncio reciente del Departamento de Defensa estadounidense de un contrato para vender misiles avanzados Patriot a Taiwán es uno de esos casos donde la legítima relación comercial entre EEUU y Taiwán afecta claramente a China. La reacción de China no se hizo esperar. Jiang Yu, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, advirtió a EEUU sobre las consecuencias que podría tener la venta de armas a Taiwán y subrayó que esta acción influirá negativamente en la cooperación entre ambos países.
En estos momentos, en que China y Taiwán se acercan, que sus relaciones están en su mejor etapa, este elemento resulta inconveniente, porque podría echar por la borda todo lo alcanzado hasta ahora. No se entiende que en el gobierno del recién galardonado con el Nobel de la Paz, se tome una medida de este tipo. Tampoco entendería al presidente Ma Ying-jeou si la aprueba, porque ha tenido un discurso y una acción que procuran la paz al uno y otro lado del estrecho.
Es inconcebible que precisamente en el momento donde la seguridad de Taiwán está menos amenazada, EEUU anuncie que le venderá armas. Al menos que haya claros intereses de generar un conflicto con China, su mayor acreedor y uno de los más importantes socios comerciales, no se entiende este anuncio de EEUU. Porque a todas luces, con este negocio, incluso si lo dejamos en el plano comercial, EEUU pierde más de lo que gana.
Entonces, ¿qué es lo que no estamos viendo? ¿Es ésta una jugada táctica dentro de un plan estratégico que busca repetir la historia? Me niego a creer que en este siglo XXI, haya quienes entiendan que las crisis se solucionan con guerras. Aprovecho esta tribuna, para hacer un llamado a la sensatez, que las embajadas de EEUU y Taiwán en el país envíen un mensaje a sus gobiernos de que pospongan ese “intercambio comercial” para otro momento, porque ahora no es oportuno.
Pero también envío el mensaje a los representantes de China en el país para que sugieran a su gobierno retirar los misiles que apuntan a Taiwán. Si no hay confianza, ningún proceso de paz puede ser exitoso. No se obtiene miel dando patadas a la colmena.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Los indios no son hombres

Por Rosa Montero
El País 27/12/2009.- Por definición, el prejuicio es algo que antecede al juicio… o sea, es un producto mental que ni siquiera llega a la categoría de pensamiento, porque para pensar se necesita usar la razón y la reflexión, mientras que el prejuicio es como un borrón, como un momentáneo apagón neuronal que impide que veamos la realidad correctamente. El prejuicio, por otra parte, es un precipitado de la costumbre. Quiero decir que los prejuicios se transmiten, desde luego, pero sin que tengamos conciencia de haberlos aprendido: simplemente creemos que el mundo es así; que lo que sostenemos no es una opinión, sino una realidad tan incontestable que no necesita ser probada.
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Los prejuicios son tan básicos y están tan profundamente hincados dentro de nosotros que ni siquiera sabemos que los tenemos. Son como parásitos ocultos de nuestro pensamiento, y lo peor es que se trata de una plaga que padecemos todos sin excepción.
Leyendo a Stefan Zweig me pregunto con cierta inquietud por mis propias zonas de sombra
Pensaba en todo esto mientras leía Momentos estelares de la humanidad (editorial Acantilado), catorce miniaturas históricas, como reza el subtítulo, redactadas por Stefan Zweig. Es un libro interesante y encantador y además yo adoro al pobre Zweig, un escritor inteligente, apasionado y honesto, un luchador de la tolerancia y la convivencia que se suicidó junto con su mujer en 1941, desolado por lo que por entonces parecía la victoria imparable del nazismo. Zweig era judío, y sin duda este dato influyó en su desconsuelo; pero yo creo que su angustia era básicamente humanista, el horror del hombre bueno ante el infierno.
Pues bien, este escritor al que quiero y admiro, y en quien presumo una especial sensibilidad por los débiles, por los sometidos y marginados, desliza en el libro varias afirmaciones sorprendentes que indican una clara ceguera prejuiciosa. Por ejemplo, en el capítulo en el que habla del descubrimiento de El Dorado, y hablando del salvaje Oeste, dice lo siguiente: “(esas) estepas con sus enormes manadas de bisontes y en las que durante días, durante semanas, no aparece un solo hombre, únicamente los pieles rojas las recorren a galope tendido”. Cáspita, qué lapsus tan fuerte: de modo que los indios no son hombres. Y, para demostrar que ese párrafo no ha sido una errata, en el texto dedicado a Núñez de Balboa explica que Enciso, alcalde de una colonia cercana al estrecho de Panamá, “en medio de esa selva nunca pisada por el hombre, prohíbe a los soldados adquirir oro de los indígenas”. En fin, la incongruencia de la frase habla por sí sola.
Como ambos textos abundan en el mismo error, es probable que el humanista Zweig tuviera ese punto de oscuridad en la cabeza; que, siendo sin duda un ferviente partidario de los logros civilizados y democráticos, tendiera a ignorar y menospreciar a los salvajes, un prejuicio enormemente extendido hasta que, en la década de los sesenta, empezó a valorarse la diferencia. La cultura de lo políticamente correcto, que hoy ha llegado a límites aberrantes y retrógrados, tuvo su origen en algo esencialmente justo y razonable: en la necesidad de dar voz a los que nunca la tuvieron. Hoy Zweig jamás diría algo semejante, porque sin duda a estas alturas sería consciente de su etnocentrismo.
Leyendo al escritor austriaco me pregunto con cierta inquietud por mis propias zonas de sombra. Que sin duda padezco. De algunas he llegado a ser consciente; por ejemplo, recuerdo que hace bastantes años vi un episodio de Star Trek en la televisión de un bar de Santiago de Compostela, y cuando salió el vulcano Spock hablando en gallego me desternillé de risa, me pareció grotesco y muy chistoso, cosa que me afeó inmediatamente un amigo del lugar que estaba presente. Y tenía razón: ¿por qué iba a ser más grotesco el gallego que el castellano? Y aún peor: probablemente si hubiera visto a Spock doblado al francés, pongamos, no me hubiera resultado tan risible. Era una vez más el etnocentrismo, la maldita costumbre de la propia horda, el hecho de que, por entonces, hace ya tiempo, todavía no se hubiera normalizado el uso de las otras lenguas nacionales. Vivimos encerrados en la estrecha cárcel de nuestra pequeña realidad, y eso nos impide pensar libremente. Un último ejemplo: mi padre, que fue torero profesional, amaba profundamente a los animales (es algo que les sucede a muchos matadores). Yo aprendí de él ese amor, pero también su gusto por las corridas; en mi infancia y mi juventud asistí a decenas de ellas sin que me parecieran violentas. Tuvieron que pasar bastantes años hasta que pude liberarme de esa ceguera del hábito, del callo de la rutina. Hasta que pude ver la realidad desde otro lado. Los prejuicios se nos enredan en las neuronas y nos atontan.

domingo, 20 de diciembre de 2009

¿Adelantará China a Japón en 2010?

BBC Mundo /Redacción
19/12/2009.-
Algunos economistas consideran que, de acuerdo con los datos económicos de los últimos doce meses, China podría arrebatar a Japón el título de segunda mayor economía del mundo el próximo año.
Durante la última década, el crecimiento económico de China ha superado en tres o cuatro puntos al de Japón todos los años. En 2009, cuando la mayoría de las grandes potencias apenas están saliendo de la recesión, Pekín prevé crecer un 8,3%. Esta cifra está por encima de las estimaciones oficiales y obligó al Banco Mundial a revisar sus pronósticos.
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Parte de este crecimiento se debe al plan de estímulo financiero aplicado por el gobierno chino, que inyectó más de US$585.000 millones en la economía. La flexibilización del acceso a créditos bancarios y la inversión en infraestructuras fueron los ejes de este plan. Como resultado, en el último año, China vio un fuerte crecimiento del empleo y del consumo interno, que unidos a la recuperación de las exportaciones en meses recientes condujeron al notable crecimiento económico de 2009.
En contraste, Japón creció un 1,3% en el tercer trimestre y el gobierno se vio obligado a revisar a la baja sus previsiones.
Poder económico y político
Esto representaría un cambio en el poder económico, desde las economías tradicionalmente avanzadas a países emergente como China. Aunque los criterios para medir el tamaño de una economía no siempre son exactos, los economistas creen que, a la luz de estos resultados, es muy probable que China pase del tercer al segundo lugar en el ranking económico mundial. "Esto representaría un cambio en el poder económico, desde las economías tradicionalmente avanzadas a países emergente como China.
Sin embargo, si lo vemos desde una perspectiva política, el mundo aún está ordenado en función de esas potencias tradicionales", apuntó el economista Li Wei, del Banco Standard Chartered en Shangai. Desde Tokio, la posibilidad de que el auge chino acelere el declive japonés se contempla como un riesgo. La población nipona está envejeciendo y la deuda nacional crece. Al mismo tiempo, China moderniza su economía y compite más directamente con Japón.
Desafíos
Por ejemplo, en 2010 es casi seguro que Pekín le arrebate a Tokio el título de mayor fabricante de automóviles del mundo.Sin embargo, apuntan los expertos, los desafíos a los que se enfrenta el gigante asiático son enormes, sobre todo en materia de calidad de vida y condiciones de trabajo de sus habitantes. Un trabajador chino cobra de media la décima parte que uno japonés. Por otro lado, el Estado del bienestar en Japón –sobre todo en materia de salud y educación- está mucho más avanzado que en China. Y también en este país está envejeciendo la población. A menudo, los economistas resumen la encrucijada china con una pregunta: ¿será capaz China de hacerse rica antes que vieja?

sábado, 19 de diciembre de 2009

El mercado en los partidos políticos

Por Tony Capellán
Especial para UMBRAL
14/12/2009.-
El siglo XXI llegó a la humanidad cargado de cambios sustanciales en todas las esferas de las sociedades nacionales. Dentro de esos cambios, el nuevo siglo trajo consigo el dominio del mercado sobre los sistemas de controles de las naciones y para esto se busca abolir las regulaciones aduaneras.
El mercado se ha entendido, como una actividad en la que entran en estrecha relación los ofertantes (productores y vendedores) y demandantes (consumidores, compradores) de un determinado bien o servicio. Esta relación se lleva cabo por medio de transacciones comerciales entre las partes.
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Pero hay áreas en las que nunca se concibió el dominio del mercado y ni siquiera la influencia de éste. Tal es el caso de la política partidaria y los sistemas de elección interna de los partidos. En estos sistemas lo que dominaba era el liderazgo, las habilidades políticas y la presencia de una significativa personalidad partidaria que obtenía apoyo.
Hoy, el mundo del sistema de partidos es otro en la República Dominicana , ya que las virtudes, los valores y las cualidades profesionales no es lo que se impone en este nuevo mundo político del país, en el que existe un abundante y pragmático mercado que corrompe a las organizaciones políticas en sus estructuras, sus dirigencias, sus principios y disciplinas.
Sólo pueden aspirar como candidatos a puestos dirigenciales, congresionales o municipales, aquellos miembros o advenedizos de los partidos que cuentan con un gran capital para comprar el votante, el voto es una mercancía que se vende al que más paga, y como se necesitan tantos votos para ganar una posición, cuando se gana, el puesto queda comprado por un alto costo.
Esto trae grandes implicaciones negativas como son: a) la conciencia política queda sin efecto; b) las posiciones las ganan, no los más idóneos, sino los que más dinero gastan; c) las instituciones pierden a los representantes más genuinos; d) la moral y la ética política quedan fuera del accionar político; e) al narcotráfico se le facilita su penetración a los partidos y a los poderes del Estado y los municipios; f) los intereses personales crean el caos en los partidos y sus sistemas de elección; g) los auténticos y diestros líderes y dirigentes son reemplazados por nuevos integrantes que no tienen formación política; h) al llegar a los puestos, los representantes sólo buscan prebendas personales; i) los proyectos de nación y de representación se ven afectados en su desarrollo y programación; j) la virtud política queda sin existencia, y k) el país se pierde los mejores talentos como representantes del Estado.
Cada día, las nuevas generaciones son más consumistas y para esto debe producirse más, no importa cómo. Lo importante es tener ganancias de lo que posee cada quien, si se posee el derecho al voto y con éste se puede obtener dinero mercadeándolo, la nueva moral del mercado lo permite, si es que existe esa moral.
Antes, los líderes, por medio de sus orientaciones y los partidos por sus ideologías, conducían a las masas mediante valores políticos y estas obedecían condicionadas en el mensaje que se le llevaba. Los derechos políticos eran actos de conciencia y simpatía con propósitos cívicos puestos al servicio de la organización política a la que se perteneciera o se simpatizara. Hoy los derechos políticos del ciudadano son una especie de mercancía en un mercado electoral de valores comerciales, sólo al servicio de la ganancia económica.
Todo esto no ha caído del cielo ni ha sido obra de la naturaleza, es el producto del llamado clientelismo político, al que preferimos llamarle “merclientelismo político”. Pero ese modo ha sido creado por los líderes y dirigentes de los partidos, y ha llegado tan lejos que hoy casi nadie posee calidad moral para combatirlo, pues quienes la tienen han sido desplazados de la primacía partidaria.
Se impone pues, una revisión rápida del curso que va tomando la política dominicana, pero no basada en las actitudes sólo de las masas populares, hay que empezar por la conducta de quienes han creado el merclientelismo político y quienes lo han permitido teniendo la facultad de evitarlo y no haciendo nada para ello.
La ley de partidos debe ser bien ponderada, el voto preferencial debe ser revisado, los controles partidarios deben volver al pasado y la formación de dirigentes políticos debe ser necesaria.
Como los partidos políticos son los que generan el personal administrativo del Estado, estos deben ser instituciones formales y morales, para no llevar a los órganos gubernativos personas no aptas para los cargos, que en vez de aportar servicios al país, se sirvan sólo de la nación como pasa con frecuencia.
No dejemos destruir las instituciones democráticas que sirven al Estado como fuente de los recursos políticos de administración pública, para que mañana no se nos bautice con el sobrenombre de “Estado fallido” o “Narco Estado”. Todavía hay tiempo.

Juan Bosch: práctica de la separación

Por Diógenes Céspedes
Hoy 19/12/2009.-
Hay hechos pequeños y grandes en la práctica de la separación entre lo público y lo privado durante el ejercicio del poder político por parte de Juan Bosch en su primer gobierno constitucional de 1963.
Los datos están en el libro de Mildred Guzmán, “El Bosch que yo conocí”. Pero no por pequeños dejan de ser emblemáticos. El despido de su asistente personal Virgilio Gell, por comprobarse un caso de corrupción ascendente a $ 25.000 pesos, mediante tráfico de influencia.
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Y grandes fueron el despido del Ministro de Industria y Comercio, Diego Bordas, por corrupción, así como el rechazo a la solicitud de ex presidente cubano Carlos Prío Socorrás para instalar en el país un campamento anticastrista. La firmeza de carácter de Bosch se impuso por encima de consideraciones de amistad e incluso del favor político que disfrutó Don Juan bajo el gobierno de Prío. Cuando este último vio que Bosch rechazó su oferta, le planteó otra peor: la compra de 4.000 toneladas de trigo en Canadá para ayudar a la revolución contra Castro. No hay que ser listo para adivinar que el dinero iría a parar a los bolsillos de Prío. Bosch rechazó la segunda oferta con el alegato de que el país tenía suficiente trigo. Ante esta posición, Prío salió del Palacio Nacional con el rabo entre las piernas y solo atinó a mascullar: “Juan ha cambiado mucho, ya es un comunista.” (Op. cit., pp-138-40) El otro gran hecho político fue la separación entre Estado e Iglesia, contenido en la Constitución de 1963 y que en la entrevista de Don Juan con Isaolim Mieses y Wilson Hernández (op. cit., pp. 121-23) explica, a partir de consideraciones históricas eruditas, cómo los intereses franceses en las colonias de Argelia, de Indochina y de países africanos que profesaban distintas religiones impusieron la separación entre Iglesia y Estado. También explica Don Juan el caso español después de Franco y se remonta a los orígenes de esa lucha en España con Francisco Giner, Sanz del Río y otros intelectuales, con lo cual nuestro político dominicano ratifica su posición prístina anterior incluso a la Constitución de 1963.
Pero en nuestro país, donde la fracción burguesa quedó atrapada por el frente oligárquico recompuesto por los norteamericanos después de la muerte de Trujillo, era imposible que tal fracción se planteara la separación entre Iglesia y Estado, tal como lo proclamaba la Constitución burguesa de 1963. Lo que Bosch llama el “atraso” mental, cultural, ideológico, unido a la ausencia de conciencia política, nacional y de clase, impedía –e impide todavía hoy- semejante planteamiento que implica la legitimación de una burguesía nacional independiente.
La herencia política de Don Juan, que según él era el partido, está hundida en el mismo “atraso” mental, cultural e ideológico, y en la misma ausencia de conciencia política, nacional y de clase de cada uno de sus miembros, y por esa razón no ha podido superar el pensamiento político de Don Juan y ha producido, a través de tres mandatos, el tipo de gobierno que su fundador estaba negado a encabezar en 1990, según se lo manifestó a Miguel Cocco.
Ahora me voy al punto de los adversarios y de la amistad. Primero, don Juan, conocedor a fondo de nuestra sociedad, respetó siempre a sus adversarios, sin importar el litoral político de donde proviniesen. Para el militante comunista que le abucheó, tuvo compasión por su ignorancia. A los periodistas pagados y no pagados les comprendió en los ataques que casi siempre dirigieron a su persona, no al político, pero incluso así Don Juan no se lo tomó personalmente. Todo lo analizaba políticamente, con su tesis de la inconsciencia política de la mayoría del pueblo dominicano. El había teorizado el chisme como industria o deporte nacional, y así juzgaba los ataques personales, como lo atestiguan las consideraciones conceptuales de la carta que dirige a Víctor Livio Cedeño, a la sazón director del periódico El Sol, el 1 de octubre de 1979: “Como de todo hombre público, muy especialmente en países de composición social similar a la de la República Dominicana, de mí se han dicho y se dicen con frecuencia mentiras que en algunos casos tienen su origen en servicios secretos extranjeros y en otros son expresiones de pasiones políticas desviadas hacia ataques personales, y a menudo esas mentiras son impresas en periódicos. Tal sucedió, por ejemplo, cuando un señor llamado Ubi Rivas dijo en El Sol que el día 6 de mayo del año pasado yo había dormido en la casa de Ramón Font Bernard…” (pp. 314-315)
No hubo acusación política por mendaz que fuera, tanto en el ámbito nacional como en el extranjero en contra de Juan Bosch que él no la respondiera con una gran altura analítica. Por eso era un líder, un gran líder.
En el plano de la amistad, habría que comenzar un poco antes de su salida al exilio en 1938 para comprobar cómo don Juan hizo y mantuvo relaciones de amistad, más literarias y culturales que políticas, para esa época, con Mario Fermín Cabral, Vicente Tolentino Rojas, Emilio Rodríguez Demorizi, Ramón Marrero Aristy, Héctor Incháustegui Cabral (a quienes dirige la célebre carta antirracista luego de entrevistarse con ellos en La Habana y misiva sin la cual no puede leerse el cuento “Luis Pie”). Relaciones que don Juan recompuso una vez que llegó del exilio en octubre de 1961.
Don Juan mantuvo también intactas sus relaciones intelectuales boricuas hasta el día de su muerte. Y quizá fue una dicha que los grandes amigos que mantuvieron con él la fe en la democracia representativa: Betancourt, Figueres, Muñoz Marín, murieran primero que él, pues su ruptura con tal sistema luego del golpe de Estado de 1963 le llevó a una dolorosa pero necesaria separación.
Y, finalmente, los grandes amigos literarios que vinieron a los festejos del septuagésimo y octogésimo cumpleaños de don Juan en 1970 y 1980, de los cuales hay una relación detallada en el libro de Mildred en cuanto concierne al primer acontecimiento, pero extrañamente echada en falta en el último cumpleaños. Señalo como los grandes amigos de don Juan, más literarios que políticos, a Gabriel García Márquez, Miguel Otero Silva, Nicolás Guillén, Guayasamín, Raúl Rivero, Julio Le Riverand, Carmen Balcells, Manuel Maldonado Denis, José Emilio González y Ruth Vasallo, el francés Regis Debray y un personaje venezolano, extraño según Mildred: Oscar Guaramato, secretario personal de Otero Silva. Pero llamo a la atención que en el cuento “El hombre que lloró”, escrito antes de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, aparece un personaje, junto a otro de apellido Muñoz, que ha caído en la lucha clandestina en contra de la dictadura. O fue simple coincidencia o fue una mala pasada de humor negro el hecho de que aparezca este Guaramato inmortalizado en una obra de ficción de don Juan.

viernes, 18 de diciembre de 2009

El Nobel Obama

Por Manolo Pichardo
Listín Diario 18-12-2009.-
Obama comenzó a vender su discurso esperanzador desde la precandidatura a la presidencia por el partido demócrata y la mayoría lo compró, como lo comprarían luego los electores y un mundo harto del terror y la pavura de las acciones vesánicas de su antecesor. Alcanzado el poder “se enfrenta el mundo como es”, como dijera en su discurso de aceptación de Premio Nobel de la Paz, por eso empezó a tomar distancia de su mensaje de campaña; se supo entonces comandante de las fuerzas más poderosas del mundo y tomó conciencia de su verdadero rol para mantener la hegemonía de su país en el planeta sobre la base de su poderío militar.
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Por ello, “sin incurrir en un acto cínico”, como manifestó, aceptó el premio y justificó sus acciones bélicas al argumentar que con el método Gandhi los ejércitos de Hitler no se hubiesen vencido, y por ese sendero de justificaciones afirmó que “Estados Unidos nunca ha librado una guerra contra la democracia”, afirmación con la que se saltó algunos capítulos de sus políticas de agresión como el que vivimos los dominicanos en 1965 cuando sus marines nos invadieron para impedir el retorno a la democracia, después del golpe de Estado que promovieron para sepultarla.
En ese contexto, y como si la historia no dejara rastros, fue capaz de afirmar que “nuestros amigos más cercanos son los que protegen los derechos humanos”. Como hacía una especie de referencia histórica, la programada amnesia le llevó a olvidar a Pinochet, a Trujillo, a los Somoza y una larga lista de dictadores que torturaron, desaparecieron y asesinaron a miles de ciudadanos en todo el mundo con la ayuda de la CIA.
Más de 40 países fueron intervenidos por sus marines desde el siglo XIX para consolidar su hegemonía, para defender sus intereses económicos y políticos a costa de millones de vidas humanas, la mayoría civiles. Pero fue capaz de decir que “Estados Unidos ha ayudado a garantizar la seguridad mundial durante décadas con la sangre de nuestros ciudadanosÖHemos sobrellevado esta carga no porque queremos imponer nuestra voluntad”. De todo esto se desprende que así como las guerras preventivas son inmorales, el Nobel preventivo es una estafa y un desprestigio para la academia.

La columna de Miguel Guerrero

Por Miguel Guerrero
El Caribe 18/12/2009.-
“La radio y la televisión son un asco; no hay un programa aunque sea infantil que no tenga comerciales sugiriendo o invitando al sexo”, me escribe un lector acerca de mis recientes artículos sobre la vulgaridad en los medios electrónicos.
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Me permito reproducir el texto de su mensaje. Dice: “Me gusta ver el juego de pelota con mis hijos, una de 15, otra de 13 y uno de 9 años y, entre jugada y jugada, el anuncio del estimulante sexual masculino llamado La Pela, me hace cambiar el canal ante la situación de vergüenza que me genera. He optado por ver el resultado de los juegos en la prensa al otro día. Hace una semana mientras recorría con el control los canales me encontré con un programa de mediodía en el que se desarrollaba un segmento que titulan “Sácalo, Éntralo”, título musicalizado y reducido a un estribillo con esas dos palabras. Mientras lo cantaban, dos jovencitas sin ningún pudor hacían movimientos pélvicos sugiriendo una relación sexual. La televisión está llena de programas de este tipo. Pero la radio, Miguel, espanta. Me tomo el cuidado de no escuchar un programa matutino de mucha audiencia cuando ando en mi vehículo con mis hijos, porque un día mi niña de 15 me dijo… "¡Pero Pa´, cómo pueden decir esas palabrotas en la radio!” Además de las palabrotas, los anuncios obscenos y toda suerte de acciones soeces, los que pretenden comunicar no conocen el idioma.
Es frecuente escuchar: “Lo mandaron a la cálcel de la Vitoria…Lo día van pasando…El dotol Leonel Felnande…Lo policía de AMÉ” y un largo etcétera que pone en entredicho la capacidad de los que manejan los medios. Son comunicadores que no conocen su compromiso con la sociedad, son dueños de medios que sólo tienen interés en el rating. Por ello pienso que deberíamos iniciar una campaña para exigir el adecentamiento de los medios de comunicación y si es posible promover una legislación que los regule”.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Obama no estaba obligado a un acto cínico

Por Fidel Castro
GRANMA 09/12/2009.-
En los párrafos finales de una Reflexión titulada “Las campanas están doblando por el dólar”, elaborada hace dos meses, el 9 de octubre de 2009, hice una referencia al problema del cambio climático adonde el capitalismo imperialista ha conducido a la humanidad.
“Estados Unidos ―dije, refiriéndome a las emisiones de carbono― no está haciendo ningún esfuerzo real. Sólo están aceptando un 4% de reducción con respecto al año 1990”. En ese momento los científicos exigían un mínimo que fluctuaba entre el 25 y el 40% para el año 2020. )
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De inmediato añadí: “En horas de la mañana de hoy viernes 9, el mundo se despertó con la noticia de que ‘el Obama bueno’ del enigma, explicado por el Presidente Bolivariano Hugo Chávez en las Naciones Unidas, recibió el Premio Nobel de la Paz. No siempre comparto las posiciones de esa institución, pero me veo obligado a reconocer que en estos instantes fue, a mi juicio, una medida positiva. Compensa el revés que sufrió Obama en Copenhague al ser designada Río de Janeiro y no Chicago como la sede de las Olimpíadas del 2016, lo cual provocó airados ataques de sus adversarios de extrema derecha.”
“Muchos opinarán que no se ha ganado todavía el derecho a recibir tal distinción. Deseamos ver en la decisión, más que un premio al Presidente de Estados Unidos, una crítica a la política genocida que han seguido no pocos presidentes de ese país, los cuales condujeron el mundo a la encrucijada donde hoy se encuentra; una exhortación a la paz y la búsqueda de soluciones que conduzcan a la supervivencia de la especie.”
Era obvio que observaba cuidadosamente al Presidente negro electo en un país racista que sufría profunda crisis económica, sin prejuzgarlo por algunas de sus declaraciones de campaña y su condición de jefe del ejecutivo yanki.
Casi un mes después, en otra Reflexión que titulé “Una historia de ciencia ficción”, escribí lo siguiente:
“El pueblo norteamericano no es culpable, sino víctima de un sistema insostenible y lo que es peor: incompatible ya con la vida de la humanidad.”
“El Obama inteligente y rebelde que sufrió la humillación y el racismo durante la niñez y la juventud lo comprende, pero el Obama educado y comprometido con el sistema y con los métodos que lo condujeron a la Presidencia de Estados Unidos no puede resistir la tentación de presionar, amenazar, e incluso engañar a los demás.”
De inmediato añado: “Es obsesivo en su trabajo; tal vez ningún otro Presidente de Estados Unidos sería capaz de comprometerse con un programa tan intenso como el que se propone llevar a cabo en los próximos ocho días.”
Analizo, como puede observarse en esa Reflexión, la complejidad y las contradicciones de su largo recorrido por el Sudeste asiático y pregunto:
“¿Qué piensa abordar nuestro ilustre amigo en el intenso viaje?” Sus asesores habían declarado que hablaría de todo con China, Rusia, Japón, Corea del Sur, etcétera, etcétera.
Es ya evidente que Obama preparaba el terreno para el discurso que pronunció en West Point el 1º de diciembre de 2009. Ese día se empleó a fondo. Elaboró y ordenó cuidadosamente 169 frases destinadas a tocar cada una de las “teclas” que le interesaban, para obtener de la sociedad norteamericana su apoyo a una estrategia de guerra. Adoptó poses que harían palidecer a las Catilinarias de Cicerón. Ese día tuve la impresión de estar escuchando a George W. Bush; sus argumentos en nada se diferencian de la filosofía de su antecesor, excepto por una hojita de parra: Obama se oponía a las torturas.
El jefe principal de la organización a la que se atribuye el acto terrorista del 11 de Septiembre, había sido reclutado y entrenado por la Agencia Central de Inteligencia para combatir contra las tropas soviéticas y ni siquiera era afgano.
Las opiniones de Cuba condenando aquel hecho y otras medidas adicionales fueron proclamadas ese mismo día. También advertimos que la guerra no era el camino para luchar contra el terrorismo.
La organización del Talibán, que significa estudiante, surgió de las fuerzas afganas que luchaban contra la URSS y no eran enemigas de Estados Unidos. Un análisis honesto conduciría a la verdadera historia de los hechos que originaron esa guerra.
Hoy no son los soldados soviéticos, sino las tropas de Estados Unidos y la OTAN las que a sangre y fuego ocupan ese país. La política que se ofrece al pueblo de Estados Unidos por la nueva administración es la misma de Bush, quien ordenó la invasión de Iraq, que nada tenía que ver con el ataque a las Torres Gemelas.
El Presidente de Estados Unidos no dice una palabra de los cientos de miles de personas, incluidos niños y ancianos inocentes, que han muerto en Iraq y Afganistán y los millones de iraquíes y afganos que sufren las consecuencias de la guerra, sin responsabilidad alguna con los hechos ocurridos en New York. La frase con que concluye su discurso: “Dios bendiga a Estados Unidos”, más que un deseo, parecía una orden al cielo.
¿Por qué Obama aceptó el Premio Nobel de la Paz cuando ya tenía decidido llevar la guerra en Afganistán hasta las últimas consecuencias? No estaba obligado a un acto cínico.
Anunció luego que recibiría el Premio el día 11 en la capital de Noruega y viajaría a la Cumbre de Copenhague el 18.
Ahora hay que esperar otro discurso teatral en Oslo, un nuevo compendio de frases que ocultan la existencia real de una superpotencia imperial con cientos de bases militares desplegadas por el mundo, doscientos años de intervenciones militares en nuestro hemisferio, y más de un siglo de acciones genocidas en países como Vietnam, Laos u otros de Asia, África, el Medio Oriente, los Balcanes y en cualquier parte del mundo.
El problema ahora de Obama y sus aliados más ricos, es que el planeta que dominan con puño de hierro se les está deshaciendo entre las manos.
Es bien conocido el crimen cometido por Bush contra la humanidad ignorando el Protocolo de Kyoto y dejando de hacer durante 10 años lo que debió hacerse desde mucho antes. Obama no es ignorante; conoce como conocía Gore, el grave peligro que amenaza a todos, pero vacila y se muestra débil frente a la oligarquía irresponsable y ciega de ese país. No actúa como un Lincoln, para resolver el problema de la esclavitud y mantener la integridad nacional en 1861, o como un Roosevelt, frente a la crisis económica y el fascismo. El martes lanzó una tímida piedra en las revueltas aguas de la opinión internacional: la administradora de la EPA (Agencia de Protección Ambiental) Lisa Jackson, declaró que las amenazas para salud pública y el bienestar del pueblo de Estados Unidos que significa el calentamiento global, le permiten a Obama adoptar medidas sin contar con el Congreso.
Ninguna de las guerras que han tenido lugar en la historia, significan un peligro mayor.
Las naciones más ricas tratarán de lanzar sobre las más pobres el peso de la carga para salvar la especie humana. Debe exigírseles el máximo de sacrificio a los más ricos, un máximo de racionalidad para el empleo de los recursos, y un máximo de justicia para la especie humana.
Es probable que, en Copenhague, lo más que se logre sea un mínimo de tiempo para alcanzar un acuerdo vinculante que sirva realmente para buscar soluciones. Si eso se logra, la Cumbre significaría al menos, un modesto avance.
¡Veremos qué ocurre!

Diciembre 9 de 2009
12 y 34 p.m.

Obama defiende la guerra al recibir el premio Nobel de la Paz

DISCURSO INTEGRO DEL PRESIDENTE BARACK OBAMA EN LA CEREMONIA DE
ENTREGA DEL NOBEL DE LA PAZ
Sus Majestades, Sus Altezas Reales, distinguidos miembros del Comité Nóbel de
Noruega, ciudadanos de Estados Unidos y ciudadanos del mundo:
Recibo este honor con profunda gratitud y gran humildad. Es un premio que habla sobre
nuestras mayores aspiraciones: que a pesar de toda la crueldad y las adversidades de
nuestro mundo, no somos simples prisioneros del destino. Nuestros actos tienen
importancia y pueden cambiar el rumbo de la historia y llevarla por el camino de la
justicia.
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Sin embargo, sería una negligencia no reconocer la considerable controversia que su
generosa decisión ha generado. (Risas.) En parte, esto se debe a que estoy al inicio y no
al final de mis labores en la escena mundial. En comparación con algunos de los
gigantes de la historia que han recibido este premio –Schweitzer y King; Marshall y
Mandela– mis logros son pequeños. Y luego hay hombres y mujeres alrededor del
mundo que han sido encarcelados y golpeados en su búsqueda de la justicia; gente que
trabaja en organizaciones humanitarias para aliviar el sufrimiento; millones en el
anonimato cuyos silenciosos actos de valentía y compasión inspiran incluso a los
cínicos más empedernidos. No puedo contradecir a quienes piensan que estos hombres y
mujeres –algunos conocidos, otros desconocidos para todos excepto para quienes
reciben su ayuda– merecen este honor muchísimo más que yo.
Pero quizá el asunto más controversial en torno a mi aceptación de este premio es el
hecho de que soy Comandante en Jefe de un ejército de un país en medio de dos
guerras. Una de esas guerras está llegando a su fin. La otra es un conflicto que Estados
Unidos no buscó; uno en que se nos suman otros cuarenta y dos otros países –incluida
Noruega– en un esfuerzo por defendernos y defender a todas las naciones de ataques
futuros.
De todos modos, estamos en guerra, y soy responsable por desplegar a miles de jóvenes
a pelear en un país distante. Algunos matarán. A otros los matarán. Por lo tanto, vengo
aquí con un agudo sentido del costo del conflicto armado, lleno de difíciles
interrogantes sobre la relación entre la guerra y la paz, y nuestro esfuerzo por
reemplazar una por la otra.
Bueno, estas interrogantes no son nuevas. La guerra, de una forma u otra, surgió con el
primer hombre. En los albores de la historia, no se cuestionaba su moralidad;
simplemente era un hecho, como la sequía o la enfermedad, la manera en que las tribus
y luego las civilizaciones buscaban el poder y resolvían sus discrepancias.
Y con el tiempo, a medida que los códigos legales procuraban controlar la violencia
dentro de los grupos, los filósofos, clérigos y estadistas también procuraban controlar el
poder destructivo de la guerra. Surgió el concepto de “guerra justa”, que proponía que la
guerra solamente se justifica cuando cumple con ciertas condiciones previas: si se libra
como último recurso o en defensa propia; si la fuerza utilizada es proporcional y, en la
medida posible, si no se somete a civiles a la violencia.
Por supuesto, sabemos que durante gran parte de la historia, se ha cumplido pocas veces
con este concepto de guerra justa. La capacidad de los seres humanos de idear nuevas
maneras de matarse unos a los otros resultó ser inagotable, como también nuestra
capacidad para tratar sin ninguna piedad a quienes no lucen como nosotros o le rinden
culto a un Dios diferente. Las guerras entre ejércitos dieron lugar a guerras entre
naciones: guerras totales en que la distinción entre combatiente y civil se volvía borrosa.
En el transcurso de treinta años, este continente se sumió dos veces en matanzas de ese
tipo. Y aunque es difícil pensar en una causa más justa que la derrota del Tercer Reich y
las potencias del Eje, la Segunda Guerra Mundial fue un conflicto en el que el número
total de civiles que murieron superó al de soldados que perecieron.
Como consecuencia de esa destrucción y con la llegada de la era nuclear, quedó claro
para vencedores y vencidos, por igual, que el mundo necesitaba instituciones para evitar
otra guerra mundial. Y, entonces, un cuarto de siglo después de que el Senado de
Estados Unidos rechazara la Liga de Naciones, una idea por la cual Woodrow Wilson
recibió este premio, Estados Unidos lideró al mundo en el desarrollo de una estructura
para mantener la paz: un Plan Marshall y Naciones Unidas, mecanismos para regir la
manera en la que se libran guerras, los tratados para proteger los derechos humanos,
evitar el genocidio y restringir las armas más peligrosas.
De muchas maneras, estos esfuerzos fueron exitosos. Sí, se han librado guerras terribles
y se han cometido atrocidades. Pero no ha habido una Tercera Guerra Mundial. La
Guerra Fría concluyó con una muchedumbre jubilosa que derrumbó un muro. El
comercio tejió lazos entre gran parte del mundo. Miles de millones han salido de la
pobreza. Los ideales de libertad, autonomía, igualdad y el imperio de la ley han
avanzado a tropezones. Somos los herederos de la fortaleza y previsión de generaciones
pasadas, y es un legado por el cual mi propio país legítimamente siente orgullo.
Pero aún asi, transcurrida una década del nuevo siglo, esta antigua estructura está
cediendo ante el peso de nuevas amenazas. El mundo quizá ya no se estremezca ante la
posibilidad de guerra entre dos superpotencias nucleares, pero la proliferación puede
aumentar el peligro de catástrofes. El terrorismo no es una táctica nueva, pero la
tecnología moderna permite que unos cuantos hombres insignificantes con enorme ira
asesinen a inocentes a una escala horrorosa.
Es más, las guerras entre naciones con mayor frecuencia han sido reemplazadas por
guerras dentro de naciones. El resurgimiento de conflictos étnicos o sectarios; el
aumento de movimientos secesionistas, las insurgencias y los estados fallidos – todas
estas cosas progresivamente han atrapado a civiles en un caos interminable. En las
guerras de hoy, mueren muchos más civiles que soldados; se siembran las semillas de
conflictos futuros, las economías se destruyen; las sociedades civiles se parten en
pedazos, se acumulan refugiados y los niños quedan marcados de por vida.
No traigo hoy una solución definitiva a los problemas de la guerra. Lo que sí sé es que
hacerles frente a estos desafíos requerirá la misma visión, arduo esfuerzo y
perseverancia de aquellos hombres y mujeres que actuaron tan audazmente hace varias
décadas. Y requerirá que repensemos la noción de guerra justa y los imperativos de una
paz justa.
Debemos comenzar por reconocer el difícil hecho de que no erradicaremos el conflicto
violento en nuestra época. Habrá ocasiones en las que las naciones, actuando individual
o conjuntamente, concluirán que el uso de la fuerza no sólo es necesario sino también
justificado moralmente.
Hago esta afirmación consciente de lo que Martin Luther King dijo en esta misma
ceremonia hace años: “La violencia nunca produce paz permanente. No resuelve los
problemas sociales: simplemente crea problemas nuevos y más complicados”. Como
alguien que está parado aquí como consecuencia directa de la labor a la que el Dr. King
le dedicó la vida, soy prueba viviente de la fuerza moral de la no violencia. Sé que no
hay nada débil, nada pasivo, nada ingenuo en las convicciones y vida de Gandhi y King.
Pero en mi calidad de jefe de Estado que juró proteger y defender a mi país, no me
puede guiar solamente su ejemplo. Enfrento al mundo como lo es, y no puedo cruzarme
de brazos ante amenazas contra estadounidenses. Que no quede la menor duda: la
maldad sí existe en el mundo. Un movimiento no violento no podría haber detenido los
ejércitos de Hitler. La negociación no puede convencer a los líderes de Al Qaida a
deponer las armas. Decir que la fuerza es a veces necesaria no es un llamado al cinismo;
es reconocer la historia, las imperfecciones del hombre y los límites de la razón.
Menciono este punto, comienzo con este punto porque en muchos países hoy en día hay
un profundo cuestionamiento del accionar militar, independientemente de la causa. Y a
veces, a esto se suma una suspicacia automática por tratarse de Estados Unidos, la única
superpotencia militar del mundo.
Sin embargo el mundo debe recordar que no fueron simplemente las instituciones
internacionales –no sólo los tratados y las declaraciones– los que le dieron estabilidad al
mundo después de la Segunda Guerra Mundial. Independientemente de los errores que
hayamos cometido, hay un hecho clarísimo: Estados Unidos de Norteamérica ha
ayudado a garantizar la seguridad mundial durante más de seis décadas con la sangre de
nuestros ciudadanos y el poderío de nuestras armas. El servicio y sacrificio de nuestros
hombres y mujeres de uniforme han promovido la paz y prosperidad desde Alemania
hasta Corea, y permitido que la democracia eche raíces en lugares como los países
balcánicos. Hemos sobrellevado esta carga no porque queremos imponer nuestra
voluntad. Lo hemos hecho por un interés propio y bien informado: porque queremos un
futuro mejor para nuestros hijos y nietos, y creemos que su vida será mejor si los hijos y
nietos de otras personas pueden vivir en libertad y prosperidad.
Entonces, sí, los instrumentos de la guerra tienen un papel en mantener la paz. Sin
embargo, este hecho debe coexistir con otro: que independientemente de cuán
justificada, la guerra conlleva tragedia humana. La valentía y el sacrificio del soldado
están llenos de gloria, expresan devoción por la patria, la causa y los compañeros de
armas. Pero la propia guerra nunca es gloriosa, y nunca debemos exaltarla como si lo
fuera.
Entonces, parte de nuestro desafío es reconciliar estos dos hechos aparentemente
irreconciliables: que la guerra a veces es necesaria y que la guerra es, de cierta manera,
una expresión de desatino humano. Concretamente, debemos dirigir nuestros esfuerzos
a la tarea que el Presidente Kennedy propuso hace tiempo. “Concentrémonos”, dijo, “en
una paz más práctica, más alcanzable, basada no en una revolución repentina de la
naturaleza humana, sino una evolución gradual de las instituciones humanas”. Una
evolución gradual de las instituciones humanas.
¿Qué apariencia cobraría esta evolución? ¿Cuáles podrían ser estas medidas prácticas?
Para comenzar, considero que todos los países, tanto fuertes como débiles, deben
cumplir con estándares que rigen el uso de fuerza. Yo, como cualquier jefe de Estado,
me reservo el derecho de actuar unilateralmente si es necesario para defender a mi país.
No obstante, estoy convencido de que cumplir con estándares, estándares
internacionales, fortalece a quienes lo hacen y aísla –y debilita– a quienes no.
El mundo respaldó a Estados Unidos tras los ataques del 11 de septiembre y continúa
apoyando nuestros esfuerzos en Afganistán, debido al horror de esos atentados sin
sentido y el principio reconocido de defensa propia. De la misma manera, el mundo
reconoció la necesidad de confrontar a Sadam Husein cuando invadió Kuwait, un
consenso que envió un mensaje claro a todos sobre el precio de la agresión.
Es más, Estados Unidos -- de hecho ningún país -- puede insistir en que otros sigan las
normas si nosotros nos rehusamos a seguirlas. Pues cuando no lo hacemos, nuestros
actos pueden parecer arbitrarios y menoscabar la legitimidad de intervenciones futuras,
por más justificadas que sean.
Esto pasa a ser particularmente importante cuando el propósito de la acción militar se
extiende más allá de la defensa propia o la defensa de una nación contra un agresor.
Más y más, todos enfrentamos difíciles interrogantes sobre cómo evitar la matanza de
civiles por su propio gobierno o detener una guerra civil que puede sumir a toda una
región en violencia y sufrimiento.
Creo que se puede justificar la fuerza por motivos humanitarios, como fue el caso en los
países balcánicos o en otros lugares afectados por la guerra. La inacción carcome
nuestra conciencia y puede resultar en una intervención posterior más costosa. Es por
eso que todos los países responsables deben aceptar la noción de que las fuerzas
armadas con un mandato claro pueden ejercer una función en el mantenimiento de la
paz.
El compromiso de Estados Unidos con la seguridad mundial nunca flaqueará. Pero en
un mundo en que las amenazas son más difusas y las misiones más complejas, Estados
Unidos no puede actuar solo. Estados Unidos por su cuenta no puede lograr la paz. Ése
es el caso en Afganistán. Es el caso en estados fallidos como Somalia, donde el
terrorismo y la piratería van de la mano con la hambruna y el sufrimiento humano. Y
lamentablemente, seguirá siendo la realidad en regiones inestables en el futuro.
Los líderes y soldados de los países de la OTAN –y otros amigos y aliados– demuestran
este hecho por medio de la habilidad y valentía que han mostrado en Afganistán. Pero
en muchos países, hay una brecha entre los esfuerzos de los militares y la opinión
ambivalente del público en general. Comprendo por qué la guerra no es popular. Pero
también sé lo siguiente: la convicción de que la paz es deseable rara vez es suficiente
para lograrla. La paz requiere responsabilidad. La paz conlleva sacrificio. Es por eso
que la OTAN continúa siendo indispensable. Es por eso que debemos reforzar esfuerzos
de mantenimiento de la paz a nivel regional y por la ONU, y no dejar la tarea en manos
de unos cuantos países. Es por eso que les rendimos homenaje a quienes regresan a casa
de misiones de mantenimiento de la paz y entrenamiento en el extranjero, en Oslo y
Roma; Ottawa y Sydney; Dhaka y Kigali; los homenajeamos no como artífices de
guerra sino como promotores, como promotores de la paz.
Permítanme un punto final sobre el uso de la fuerza. Incluso mientras tomamos
decisiones difíciles sobre ir a guerra, también debemos pensar claramente sobre cómo
librarla. El Comité del Nóbel reconoció este hecho al otorgar su primer premio de paz a
Henry Dunant, el fundador de la Cruz Roja, y un promotor del Tratado de Ginebra.
Cuando la fuerza es necesaria, tenemos un interés moral y estratégico en obligarnos a
cumplir con ciertas normas de conducta. Incluso cuando enfrentamos crueles
adversarios que no cumplen con ninguna regla, creo que Estados Unidos de
Norteamérica debe seguir dando el ejemplo respecto a estándares en conducta de guerra.
Eso es lo que nos diferencia de quienes combatimos. Ésa es la fuente de nuestra fuerza.
Es por eso que prohibí la tortura. Es por eso que ordené que se clausure la prisión en la
Bahía de Guantánamo. Y es por eso que he reiterado el compromiso de Estados Unidos
de cumplir con el Tratado de Ginebra. Perdemos nuestra identidad cuando no
cumplimos los ideales mismos que estamos luchando por defender.
Y honramos – honramos dichos ideales al cumplir con ellos no sólo cuando es fácil,
sino cuando es difícil.
He hablado extensamente sobre asuntos que debemos sopesar con la razón y el corazón
cuando optamos por librar guerra. Pero permítanme pasar ahora a nuestro esfuerzo por
evitar opciones tan trágicas y hablar sobre tres maneras en que podemos promover una
paz justa y duradera.
En primer lugar, al tratar con aquellos países que trasgreden normas y leyes, creo que
debemos desarrollar alternativas a la violencia que son suficientemente firmes como
para cambiar la conducta, pues si queremos una paz duradera, entonces las palabras de
la comunidad internacional deben tener peso. Se debe hacer que aquellos regímenes que
van en contra de las normas rindan cuentas por sus actos. Las sanciones deben conllevar
un escarmiento real. La intransigencia debe combatirse con mayor presión, y esa
presión existe sólo cuando el mundo actúa al unísono.
Un ejemplo urgente es el esfuerzo por evitar la proliferación de armas nucleares y lograr
un mundo sin ellas. A mediados del siglo pasado, las naciones acordaron regirse por un
tratado con un objetivo claro: todos tendrán acceso a la energía nuclear pacífica; quienes
no tienen armas nucleares deben renunciar a ellas, y quienes tienen armas nucleares
deben procurar el desarme. Me he comprometido a plasmar este tratado. Es el eje de mi
política exterior. Y estoy trabajando con el Presidente Medvedev para reducir las
reservas de armas nucleares de Estados Unidos y Rusia.
Pero también nos incumbe a todos insistir en que países como Irán y Corea del Norte no
jueguen con el sistema. Quienes afirman respetar las leyes internacionales no deben
hacer caso omiso de cuando se incumplen dichas leyes. Quienes se interesan por su
propia seguridad no pueden cerrar los ojos ante el peligro de una carrera armamentista
en el Oriente Medio o el Extremo Oriente. Quienes procuran la paz no pueden
permanecer cruzados de brazos mientras los países se arman para una guerra nuclear.
El mismo principio se aplica a quienes incumplen con las leyes internacionales al tratar
brutalmente a su propio pueblo. Cuando hay genocidio en Darfur; violaciones
sistemáticas en el Congo, o represión en Birmania, deben haber consecuencias. Sí,
habrá acercamiento; sí, habrá diplomacia – pero tienen que haber consecuencias cuando
esas cosas fallen. Y mientras más unidos estemos, menores las probabilidades de que
nos veamos forzados a escoger entre la intervención armada y la complicidad con la
opresión.
Esto me lleva al segundo punto: el tipo de paz que buscamos. Pues la paz no es
simplemente la ausencia de un conflicto visible. Solamente una paz justa y basada en
los derechos inherentes y la dignidad de todas las personas realmente puede ser
perdurable.
Fue este entendimiento lo que motivó a quienes redactaron la Declaración Universal de
los Derechos Humanos después de la Segunda Guerra Mundial. Tras la devastación,
reconocieron que si no se protegen los derechos humanos, la paz es una promesa vana.
Sin embargo, con demasiada frecuencia, se ignoran estas palabras. En algunos países, la
excusa para no defender los derechos humanos es la falsa sugerencia de que éstos son
principios occidentales, extraños a culturas locales o etapas de desarrollo de una nación.
Y dentro de Estados Unidos, desde hace tiempo existe tensión entre quienes se
describen como realistas o idealistas, una tensión que polariza las opciones: una mera
lucha en defensa de nuestros intereses o una campaña interminable por imponer
nuestros valores alrededor del mundo.
Rechazo estas opciones. Creo que la paz es inestable cuando se les niega a los
ciudadanos el derecho a hablar libremente o practicar su religión como deseen; escoger
a sus propios líderes o congregarse sin temor. Los agravios que no se ventilan
empeoran, y la supresión de identidad tribal y religiosa puede llevar a la violencia.
También sabemos que lo opuesto es cierto. Sólo cuando Europa obtuvo la libertad pudo
finalmente encontrar la paz. Estados Unidos nunca ha librado una guerra contra una
democracia, y nuestros amigos más cercanos son los gobiernos que protegen los
derechos de sus ciudadanos. Independientemente de la frialdad con que se definan, no
se satisfacen los intereses de Estados Unidos ni del mundo con la negación de las
aspiraciones humanas.
Entonces, incluso mientras respetamos las culturas y tradiciones particulares de
diferentes países, Estados Unidos siempre será una voz para las aspiraciones
universales. Daremos testimonio de la silenciosa dignidad de reformistas como Aung
Sang Suu Kyi; de la valentía de los zimbabuenses que emitieron sus votos a pesar de
golpizas; de los cientos de miles que han marchado silenciosamente por las calles de
Irán. Dice mucho el que los líderes de estos gobiernos les teman a las aspiraciones de
sus propios pobladores más que al poder de cualquier otra nación. Y es la
responsabilidad de todas las personas libres y los países libres dejarles en claro a estos
movimientos que la esperanza y la historia están de su lado.
Permítanme decir esto también: la promoción de los derechos humanos no puede
limitarse a la exhortación. A veces, debe ir acompañada de laboriosa diplomacia. Sé que
el trato con regímenes represivos carece de la grata pureza de la indignación. Pero
también sé que las sanciones sin esfuerzos de alcance –y la condena sin discusión–
pueden mantener un status quo agobiante. Ningún régimen represivo puede ir por un
nuevo sendero a no ser que tenga la opción de una puerta abierta.
En vista de los horrores de la Revolución Cultural, la reunión de Nixon con Mao parecía
inexcusable, pero no hay duda de que ayudó a llevar a China por un camino en el cual
millones de sus ciudadanos han podido salir de la pobreza y conectarse con sociedades
abiertas. Los lazos del Papa Juan Pablo con Polonia creó un espacio no sólo para la
Iglesia Católica sino también para líderes sindicales como Lech Walesa. Los esfuerzos
de Ronald Reagan por el control de armas y la aceptación de la perestroika no sólo
mejoraron las relaciones con la Unión Soviética sino que les otorgó poder a disidentes
en toda Europa Oriental. No existe una fórmula simple. Pero debemos tratar de hacer lo
posible por mantener el equilibrio entre el ostracismo y la negociación; la presión y los
incentivos, de manera que se promuevan los derechos humanos y la dignidad con el
transcurso del tiempo.
En tercer lugar, una paz justa incluye no sólo derechos civiles y políticos, sino que debe
abarcar la seguridad económica y las oportunidades, pues la paz verdadera no es
solamente la falta de temor, sino también la falta de privaciones.
No hay duda de que el desarrollo rara vez echa raíces sin seguridad; también es cierto
que la seguridad no existe cuando los seres humanos no tienen acceso a suficiente
alimento, el agua potable o los medicamentos que necesitan para sobrevivir. No existe
cuando los niños no pueden aspirar a una buena educación o un empleo decente que
mantenga a una familia. La falta de esperanza puede corromper a una sociedad desde su
interior.
Y es por eso que ayudar a los agricultores a alimentar a su propia gente, o a los países a
educar a sus niños y a cuidar a los enfermos no es simplemente caridad. También es el
motivo por el cual el mundo debe unirse para hacerle frente al cambio climático. Hay
pocos científicos que no estén de acuerdo en que si no hacemos algo, enfrentaremos
más sequías, hambruna y desplazamientos masivos que alimentarán más conflictos
durante décadas. Por este motivo, no son sólo los científicos y activistas los que
proponen medidas prontas y enérgicas; también lo hacen los líderes militares de mi país
y otros que comprenden que nuestra seguridad común está en juego.
Acuerdos entre naciones. Instituciones sólidas. Apoyo a los derechos humanos.
Inversiones en desarrollo. Todos éstos son ingredientes vitales para propiciar la
evolución de la cual habló el Presidente Kennedy. Sin embargo, no creo que tendremos
la voluntad, la determinación o la resistencia para concluir esta labor sin algo más: esto
es, la expansión continua de nuestra imaginación moral; una insistencia en que hay algo
intrínseco que todos compartimos.
Al reducirse el mundo, uno pensaría que iba a ser más fácil que los seres humanos
reconozcamos lo similares que somos; que comprendamos que todos nosotros queremos
básicamente lo mismo; que todos anhelamos la oportunidad de vivir con cierto grado de
felicidad y satisfacción para nosotros y nuestra familia.
Sin embargo, dado el vertiginoso ritmo de la globalización y la homogenización cultural
promovida por la modernidad, no debería sorprendernos que la gente tema perder lo que
aprecia de su identidad particular: su raza, su tribu y quizá más que nada, su religión. En
algunos lugares, este temor ha producido conflictos. A veces, incluso parecemos estar
retrocediendo. Lo vemos en el Oriente Medio, donde el conflicto entre árabes y judíos
parece estar agravándose. Lo vemos en los países donde las divisiones tribales causan
estragos.
Y más peligroso aun, lo vemos en la manera en que se usa la religión para justificar el
asesinato de inocentes por personas que han distorsionado y profanado la gran religión
del Islam, y que atacaron a mi país desde Afganistán. Estos extremistas no son los
primeros en matar en nombre de Dios; hay amplia constancia de las atrocidades de las
Cruzadas. Pero nos recuerdan que ninguna Guerra Santa puede ser jamás una guerra
justa, pues si uno realmente cree que cumple con la voluntad divina, entonces no hay
necesidad de templanza, no hay necesidad de perdonarle la vida a una madre
embarazada o a un asistente médico, o trabajador de la Cruz Roja, ni siquiera a una
persona de la misma religión. Una perspectiva tan distorsionada de la religión no sólo es
incompatible con el concepto de la paz, sino también creo que es incompatible con el
propósito de la fe, pues la regla de vital importancia en todas las principales religiones
es tratar a los demás como te gustaría que te traten a ti.
Cumplir con esta ley de amor siempre ha sido el foco en la lucha de la naturaleza
humana. No somos infalibles. Cometemos errores y caemos presa de las tentaciones del
orgullo y el poder, y a veces la maldad. Incluso aquellos de nosotros con las mejores
intenciones a veces dejamos de rectificar los errores ante nosotros.
Pero no tenemos que pensar que la naturaleza humana es perfecta para continuar
creyendo que se puede perfeccionar la condición humana. No tenemos que vivir en un
mundo idealizado para seguir aspirando a los ideales que lo harían un lugar mejor. La
no violencia que practicaban hombres como Gandhi y King quizá no sea práctica o
posible en todas las circunstancias, pero el amor que predicaron, su fe en el progreso
humano, siempre debe ser la estrella que nos guíe en nuestra travesía.
Pues si perdemos esa fe, si la descartamos como tonta o ingenua, si existe un divorcio
entre ésta y las decisiones que tomamos sobre asuntos de guerra y paz… entonces
perdemos lo mejor de nuestra humanidad. Perdemos nuestro sentido de lo que se puede
lograr. Perdemos nuestro compás moral.
Al igual que las generaciones anteriores a la nuestra, debemos rechazar ese futuro.
Como dijo el Dr. King en una ceremonia similar hace tantos años, “Me rehúso a aceptar
la desesperanza como la respuesta final a la ambigüedad de la historia. Me rehúso a
aceptar la idea de que la realidad actual de la naturaleza humana haga que el hombre sea
moralmente incapaz de alcanzar las aspiraciones eternas que siempre enfrenta”.
Aspiremos al mundo que debería existir: esa chispa de divinidad que aún llevamos
como inspiración en el alma.
Hoy en algún lugar, en estos precisos momentos, en el mundo como lo es, un soldado ve
que alguien lo sobrepasa en potencia de fuego pero permanece firme para mantener la
paz. Hoy en algún lugar de este mundo, una joven manifestante aguarda la brutalidad de
su gobierno, pero tiene la valentía de seguir marchando. Hoy en algún lugar, una madre
enfrenta una pobreza devastadora pero de todos modos se da tiempo para enseñarle a su
hijo, junta las pocas monedas que tiene para enviar a ese niño a la escuela porque cree
que un mundo cruel todavía puede dar cabida a sus sueños.
Vivamos siguiendo su ejemplo. Podemos reconocer que la opresión siempre estará entre
nosotros y aun así, esforzarnos por lograr la justicia. Podemos admitir la inflexibilidad
de la depravación y aun así, esforzarnos por lograr la dignidad. De ojos abiertos,
podemos comprender que habrá guerras y aun así, esforzarnos por lograr la paz.
Podemos hacerlo, pues ésa es la historia del progreso humano; ésa es la esperanza de
todo el mundo, y en este momento de desafíos, ésa debe ser nuestra labor aquí en la
Tierra.
Muchas gracias.