domingo, 16 de octubre de 2011

La izquierda democràtica (37):También El Salvador




Por Manolo Pichardo

Listín Diario 07/10/2011.-
Los acuerdos de paz iniciados en Contadora y continuados en Esquipulas por los presidentes, Daniel Ortega de Nicaragua, Napoleón Duarte de El Salvador, Vinicio Cerezo de Guatemala, Oscar Arias de Costa Rica y José Azcona Hoyo de Honduras, junto a una serie de acontecimientos acaecidos en el plano internacional y que convergieron en el punto que abrió paso a la pacificación y democratización de Centroamérica, permitieron a los seguidores de Sandino y Farabundo Martí, alcanzar el poder por la vía electoral, asumiendo las posiciones de izquierda que las urnas occidentales de la Guerra Fría no admitían.
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El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN, no pudo construir el camino que le condujera a la toma del poder por la vía armada, como lo hizo el Frente Sandinista en 1979, pero el voto popular, que no alcanzó para hacer presidente a Schafik Handal, se manifestó de manera decidida a favor de Mauricio Funes, un periodista progresista que siempre se identificó con las causas farabundistas e hizo frente a los sectores conservadores desde sus espacios mediáticos, ganando gran respeto entre amplios sectores de la población.

Funes nunca fue un militante político; nadie, por tanto, lo vinculaba a la lucha armada; su imagen no representaba la dureza de la guerra. Su batalla en solitario la libró siempre a través del micrófono y el bolígrafo, disparando palabras, sacando sus verdades al aire y levantando la bandera del asesinado sacerdote Arnulfo Romero, quien desde la religión, desde la fe, desde el púlpito, gritó hasta sofocar su vida, un mensaje de justicia social, que arrastraba consigo al que exigía respeto a los derechos humanos.

La izquierda y la fe aprendieron a caminar de la mano, lo que no ocurrió en otros países, en los que el culto y la sotana marcharon junto a los que reprimieron, secuestraron la democracia y despojaron a las mayorías de las riquezas que por naturaleza debían ser colectivas, mediante el saqueo desalmado y sangriento, orientado desde geófagos centros de poder, sembrados en tierras extranjeras.

El farabundismo edificó, a lo largo de su lucha armada, un prestigio que se abrazaba con los sectores populares, y que afianzó al entregar las armas, poniéndose a tono con la realidad política que marcaba el nuevo contexto internacional. Sacó de su sombrero mágico una carta de izquierda sin olor a pólvora, que desarmó el discurso del miedo, entonces la oligarquía se desencajó, mientras el progresismo, la izquierda fresca y renovada, avanzó hacia la conquista del poder, que se convirtió en realidad el 1 de junio de 2009 cuando el FMLN y Funes tomaron las riendas del poder en el pulgarcito istmeño.

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