sábado, 26 de noviembre de 2011

El abonado 47.9%

Por Manolo Pichardo

Listín Diario 25/11/2011.-

Impertérrito e inexpugnable luce el 47.9 que la prestigiosa firma encuestadora Gallup viene otorgando al candidato del Proyecto Presidencial Hipólito, mejor conocido como PPH. Ese punto nueve (.9) de cola, le pone un aire majestuoso, le da el talante de credibilidad que un número redondo no le facilitaría, y así, parece sólido, incuestionable como debe ser, pues salido del vientre de una empresa con aval cristiano y un personaje de la vida pública que todos respetamos, la duda no cabe.
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Me gusta la Gallup, siempre me ha gustado, siempre la he esperado; la esperé para las elecciones de medio tiempo, quería saber la cantidad de senadores que obtendría cada partido y tuve que conformarme con la ASISA que midió varias veces y finalmente arrojó números que las urnas confirmaron con exactitud.

Nada, sin embargo, me ha hecho perder la fe en la firma encuestadora que publica sus mediciones en un matutino amigo, a pesar de que al medir la contienda interna del Partido Revolucionario Dominicano, PRD, dio ganador al presidente de esa organización política, el ingeniero Miguel Vargas Maldonado, aunque finalmente resultó ganador en la convención el agrónomo Hipólito Mejía. La ASISA y otras firmas sin contratos con medios de comunicación, vaticinaron el triunfo del actual candidato perredeísta.

El repetido 47 por ciento con todo y su bien exhibida fracción, como por dignidad, se pone duro y se resiste a ceder, y es que porcentajes por regiones, por edades, por sector social y género asociados al candidato del PPH se desplomaron en esta última entrega.

Pero él se niega a bajar; se resiste, porque de no plantarse en firme, los números de Danilo, que según Hamilton, la mencionada ASISA y otras firmas no tan prestigiosas pero certeras, lo colocarían por encima de Mejía, rebasando ese punto fijo en el que Gallup se abona.

Abonarse a un número es cosa complicada, siempre inexplicable, asociado en el pueblo que juega la lotería a cábalas, supersticiones, revelaciones de los dioses o los demonios. Sé de gente que la muerte ha sorprendido tras pasar su vida entera abonado, sin alcanzar la suerte del premio, y como asuntos que van más allá del colmo, traspasan la fijación a sus hijos, que comienzan una carrera terca y obsesiva tras el golpe de suerte que les sacará de súbito de la pobreza.

Sigo creyendo en la Gallup, pero no sé por qué tendré que irme acostumbrando al 47.9, cifra que, a pesar de lo científico de las mediciones, parece tener vocación por la resistencia.

El punto es que la terquedad puede encontrarse con la realidad de las urnas el próximo 20 de mayo, pero como a los amigos que se quieren con sus defectos, yo sigo apreciando con todo y su obsesión por el conocido número mágico, a esta empresa que ya es parte de nosotros.