lunes, 17 de marzo de 2008

“Victimas infinitas”, de Manolo Pichardo, conversando con el autor

Por León David


Haznos un poco la historia de este poemario “Victimas infinitas”
Desde pequeño sentí inclinación por escribir, por leer cuentos y poesías, quizás por ello me encontré con Juan Bosch y Neruda. Del profesor leía con fruición una y otra vez sin cansarme, los cuentos “ Todo un hombre” y “La noche buena de Encarnación Mendoza”, y con Neruda quede atrapado en la magia de los “Veinte Poemas de amor y una canción desesperada”, porque como dijiste una vez cuando escribiste el artículo “Divagaciones en torno a los Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, no puede sustraerme al encanto de “la risueña virtud de la mocedad”, que dio el toque misterioso el libro más leído del vate chileno.


Don Juan y Neruda fueron las bujías de este mi primer poemario, porque lo demás fue seguir descubriendo poetas y escritores de toda índoles y, por supuesto, embarrar servilletas y cuadernos con inventos a los que a menudo llamaba poemas. Pero como este poemario es una recopilación de publicaciones en el periódico Vanguardia del Pueblo, ubico la gestión del mismo en la publicación del poema “La calle sagrada”, pues resulta que, aunque lo escribí a principios de los 80, a mediados de esa época se lo envié al profesor Juan Bosch para que me diera su opinión sobre él; la respuesta fue su publicación en el seminario. En lo adelante seguí publicando, hasta que a finales del 2002 mi amigo Gedeón Santos, autor de los libros “El PLD frente a la pobreza y globalización” y “Sistemas mundiales en crisis”, me sugirió recopilar los poemas para la publicación de un libro. Ante mi actitud casi desdeñosa el tomó la decisión de recopilarlos y trabajar el libro con su esposa, así lo hizo, por ello digo que este libro es de Gedeón.


¿Qué es la poesía? ¿Qué importancia tiene para ti?


Para mi la poesía es la forma no convencional mediante la cual evacuamos nuestras sensibilidades, nuestros sentimientos, nuestros compromisos con el amor, con la justicia; nuestro compulsivo deseo de expresar el odio o el desprecio. La poesía es un arma, un instrumento para la conquista y un espacio para la ternura. De importante tiene que es un medio para el desahogo individual, el que busca muchas veces el poeta, pero es también un medio de desahogo colectivo, porque en ella el hombre y la mujer común encuentran espacio para sus pequeñas cosas, para el mundo interior que les oprime. Es a veces fuerza liberadora, como la que encontró el joven que se suicido tras leer “Caballero solo” del libro “Residencia en la tierra” de Pablo Neruda.


¿Cuál es el papel social que cumple el escritor?


El escritor no puede sustraerse de la realidad de su tiempo, de su entorno, y en ese sentido asume compromisos que contribuyen a la creación de conciencia colectiva, y aunque parezca algo simple, él, como los artistas en sentido general, construye la belleza que muchas veces genera armonía social. Y lo digo, porque por ejemplo, aunque el escritor no sea un actor de primer orden en los veloces cambios tecnológicos que transforman al mundo de hoy impulsando una revolución que no siempre va de la mano con el bienestar, su pluma ilumina y despierta el debate que los secos tecnócratas no entienden porque no tienen las virtudes ni la sensibilidad humana del escritor. Acuérdate León que el Dadaísmo nació en 1916 con Tristán Tzará y un grupo de intelectuales que, frustrados por las muertes y devastaciones de la Primera Guerra Mundial, decidieron también destruir a su manera, haciendo antipoesía, antimúsica, antipintura, antiescultura, antiliteratura y todo lo que fuera contrario a las ideas artísticas, como afirmó Alejo Carpentier. Este movimiento construyó, sin embargo, una nueva forma de hacer arte y ayudó, como sabes, a crear una conciencia colectiva y de paso sentó las bases para el nacimiento del surrealismo.


¿Cómo ha sido acogido este primer poemario tuyo?


Algunos amigos como Carmen Sánchez, premio nacional de poesía; Ángel Garrido, premio nacional de novela; Aristófanes Urbáez, periodista, poeta y crítico; Luís Beiro, periodista y crítico también, y otros, han hecho críticas favorables al poemario, cuestión que valoro porque se rata de opiniones más que autorizadas, pero pienso que sus juicios pueden estar contaminados por los lazos de los efectos que nos unen.


¿Cuáles son tus autores dominicanos y extranjeros preferidos?


De los dominicanos mis preferidos son Juan Bosch, como ya te he dicho, Enriquillo Sánchez, Federico Henríquez Gratereaux, Ángel Garrido, Carmen Sánchez y Pedro Mir; extranjeros: Neruda, por supuesto, Mario Benedetti, William Shakespeare, Patrik Süskind, el Gabo y Jorge Luís Borges. Debo decir que en principio no leía a este ilustre argentino influido por voces izquierdistas que lo definían como renegado. Uno de los que no simpatizaba con él era Juan Bosch, que ya para mi adolescencia era mi orientador político, sin embargo, mi hermano mayor que desgraciadamente falleció en abril de 1989, me regalo El Aleph advirtiéndome que no mezclara mis simpatías políticas con asuntos literarios. Aquello para mi fue una sorpresa, pues él era lo que se llamaba un boschista de pies a cabeza. Ese hecho me enseñó a ser más libre, más abierto y tolerante, por ello a partir de ahí también entraron a mi mundo Vargas Llosa y Camilo José Cela… No puedo dejar fuera de mis preferidos a Edgar Allan Poe.


¿Con que corriente literaria se vincula tu poesía? ¿Cómo definirías tu lenguaje poético?


Prefiero que otros me ubiquen y definan mi lenguaje


¿Que es para ti “lo clásico” en literatura?




Lo que trasciende el tiempo por su calidad y por representar o resumir una época, un espacio concreto de la historia. Fíjate por ejemplo en Aristóteles, Sócrates, Platón, entre otros escritores y filósofos griegos, resumieron el pensamiento de esa civilización, pero lo propio ocurrió con los máximos exponentes del renacimiento, como Nicolás Maquiavelo que, con su obra “El príncipe” inauguró el pensamiento político moderno y, Tomás Moro quien fue el primero en hablar o describir una sociedad futura que llamo “Utopía”. Pero de ejemplo podemos poner también a aquellos libres pensadores que le dieron forma al racionalismo en la Ilustración; hablo de Rousseau, Voltaire, Montesquieu, en fin, los artistas, escritores y filósofos de toda época que rompen los esquemas de lo tradicional para crear el mundo de lo clásico

Publicado en el periódico Hoy el 26 de noviembre de 2005

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