sábado, 10 de diciembre de 2011

Hipólito, el incorregible

Por Manolo Pichardo

Listín Diario 09/12/2011.-
Queriendo parecer fresco, renovado, nuevo, Hipólito Mejía decidió lanzarse hacia el bullicio tormentoso que lleva a la carrera por la conquista del poder. Se asió de un eslogan que retrata el talante, en cuerpo y pensamiento, de un pueblo que sufre de los obstáculos que presenta el subdesarrollo con todo y la falta de oportunidades.

Lo malo es que lo asumió porque en su ausencia de ideas o presencia de un pensamiento estancado en el en el siglo XIX, el chiste, la broma de mal gusto, las palabras obscenas y toda aquella cadena de insultos, “propuestas” peregrinas y sin norte, está la “estrategia” altisonante que a su juicio le pone en sintonía con el pueblo que es llano, espontáneo, bullanguero y, añadiría yo, sin memoria.
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La falta de peristaltismo en la materia gris y las conexiones bioquímicas que se necesitan para evacuar y procesar (no importa el orden porque así de caótico fluye su desempeño) el pensamiento lógico, las ideas que lleven a propuestas coherentes, explican todas las palabras y frases sueltas que se disparan por todos lados tratando de cazar al enemigo o casarse con el voto de las mayorías en la cita que tiene el pueblo dominicano el 20 de mayo del próximo año.

En su nueva salida se hizo acompañar de “lúcidos” estrategas. Debía cambiar, parecer otro. Escribirle artículos a su firma, darle aire de circunspecto, de caballeroso, fue la apuesta de sus meticulosos acompañantes. Pero fracasaron, pues la naturaleza del candidato afloró de súbito mostrando el cuño que marca su formación autoritaria y antidemocrática: comenzó a tropezar con los peligrosos micrófonos y su incontinencia verbal asociada a las limitaciones de su formación, dieron inicio a la conspiración contra los planes de vender la imagen de un Hipólito/Otro.

No hubo cambio. A esa edad y con un mundo que desborda con su acelerado ritmo a personas más despiertas y tiernas, qué puede esperarse de un árbol que no encontró el camino de la erección durante el proceso de crecimiento y desarrollo. Torcido y flácido como es, torcería lo que tocase en un eventual y peligroso regreso, como torció todo lo que tocó durante el período 2000/2004.

El antifaz pudo menos que el volcán interior que finalmente reventó los bozales y tiró los cuidadosos planes que armaron los finos estrategas que, sin poderes de dioses, sucumbieron ante el deshabitado cajón que acuna las ideas, porque como dice el pueblo “donde Dios no puso no puede haber”.