viernes, 12 de marzo de 2010

No hay seguros full

Por Manolo Pichardo
Listín Diario 12/03/2010.-
Según el diccionario de la Real Academia Española, “seguro” significa “libre y exento de todo peligro, daño o riesgo” y la voz inglesa “full”, de acuerdo a un pequeño “mataburros” inglés/español del que me auxilio habitualmente, se refiere a “lleno, completo”. Partiendo de estas dos definiciones deberíamos entender que un seguro para vehículo de los que las empresas “aseguradoras” llaman “full” cubre de todo riesgo, en lo relativo a siniestros de todo tipo, liberando al “asegurado” de incurrir en gastos e incluso molestias.
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Pero las cosas no son así, porque si un carro es impactado por otro, no importa que el primero esté estacionado en algún lugar, el dueño del auto afectado deberá reportar el accidente a su empresa “aseguradora”, luego, por supuesto, de trasladarse con el agresor a la Casa del Conductor y perder dos o tres horas en esas diligencias.
Como si las reglas establecidas las hubiera impuesto Tres Patines, el individuo que impactó el vehículo, a partir del reporte hecho para la policía, no mueve un dedo mientras el afectado al reclamar a su “seguro” “daña” su póliza y no se afecta la del individuo que impactó su carro quizás borracho, endrogado, distraído o violando disposiciones de tránsito.
Como si esto fuera poco, la otra “aseguradora” pagará el llamado deducible, un extraño elemento que distorsiona el concepto aquel que los ingleses ponen en la voz “full”, no sin que antes el agredido pague de su bolsillo el “remanente”, porque la empresa que asegura al otro se tarda de tres a cuatro semanas para reembolsar el dinero.
Con toda esta trama “trespatinesca” pareciera que ante un asesinato la ley condenara al muerto e indemnizara al asesino.
Viendo así las cosas, ahora entiendo porqué muchos conductores responden con agresividad cuando sus vehículos son impactados por otros que no tienen inconvenientes de declararse culpables.
Siempre pensé que se trataba de individuos agresivos, mal educados, tipos rudos e incivilizados, sin vocación para el diálogo amistoso. Pero no, es que saben que están condenados a sufrir con su tiempo, su bolsillo y tranquilidad por los retorcidos reglamentos que definen la relación “aseguradora”/ ”asegurado” que terminan fastidiando a la víctima de un negocio redondo anclado en la ley de la probabilidad que deja libre de riesgo y full a las empresas.